Vacaciones

por Patricia Campos Ramirez

Un río que se abre paso entre tu pelo, tu mano anestesiada. La piel dorada. Tu respiración es el eco de un piano. Bostezas y lloras levemente. Y no estás triste, solo que la cama es demasiado grande y el aire hueco te duele un poco en el costado. ¿Qué hora es? Sí, yo apagué el despertador. Las sábanas como una cicatriz que nunca fue herida. La carne te late tibia. Un corazón tratando de oír latidos ajenos. Tranquila. Tienes ojos de sueño, pero las nubes se alejan de tu ventana cuando miras. El mar ruge cerca y, entonces, recuerdas. Sonríes.

Así te imagino, ahora que ya vuelvo. Traigo café y pastas.

Por favor, espérame sin ropa.




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