Cartas desde el silencio

por Penseitor

Querido amor:

¿Recuerdas aquel día que descubrí tu sonrisa? Acababas de regresar de uno de tus muchos viajes a Japón y nos hablabas de la belleza de sus cerezos en flor. Decías que en aquellas flores blancas, pequeñas y frágiles, se escondía el secreto de la eterna primavera. Sin embargo para mí, pequeña y frágil también, la primavera nacía cada vez que me perdía en tus ojos y en tu sonrisa. Éramos muchos allí y apenas me miraste. Era insignificante. Pero algo que no sé explicar, acabó sucediendo.

Y claro, cuando te enamoras tan intensamente primero te abrazan los miedos, que son unos cuantos. Y después, de a poquitos, van llegando las alegrías. Y desde aquella tarde, aunque tú no lo sepas, no han faltado los días llenos de sueños. Ni las noches húmedas colmadas de pasión. Ni las palabras de amor al caer la tarde. O los besos a todas horas.

Sí, da igual que no lo sepas y que tan sólo hayas sido un amor platónico de juventud que ha sobrevivido en este corazón mío, hoy ya adulto. Alguien dijo una vez que amamos a quien amamos, sin que importe mucho si es amor real o es tan sólo una ilusión.

Querido amor, esta noche cuando cierre los ojos, aunque tú no lo sepas, volverás a ser de nuevo mi mejor sueño.

Siempre tuya.

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