Rutina

por Penseitor

Hace cinco años que no nos vemos. En este tiempo, no ha habido un solo día que no recordara sus preciosos ojos color azabache y la dulzura con que me mirada. Un día me entró pánico a fracasar en lo nuestro y me marché sin decir adiós. Sé que fui una estúpida. Y también sé que él ha removido cielo y tierra por tenerme de nuevo a su lado. Hace unos días me llamó y me pidió que nos viéramos aquí, en nuestro café de siempre. Me dijo que vendría con un ramo de flores amarillas, olvidaríamos el pasado y me pediría de nuevo que nos casásemos.
Y aquí estoy, esperando. Hace hora y media que él debía haber llegado y no ha aparecido. De nuevo me siento una estúpida. Esta vez por creer que alguien con el corazón mortalmente herido puede perdonar como si nada hubiese sucedido.
Apuro el café, frío por la espera, y decido volver a mi rutina diaria. Nada me retiene aquí ya. En la esquina se agolpa la gente. Han atropellado a alguien, comentan. Camino sin mirar. No estoy para más desgracias. Necesito borrar este día de mi cabeza y todos los sueños que he inventado, creyendo que él vendría. Mientras, a mis espaldas, alguien recoge del suelo un puñado de flores amarillas y las deposita junto al cuerpo sin vida de un joven de ojos color azabache que en breve retirarán para que las calles, llenas de mudos secretos, vuelvan también a su rutina diaria.

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