Tormentas bajo el cielo

por Penseitor

Me he sentado en el banco del final de la calle. Desde que tengo memoria lo recuerdo siempre vacío. Es como si nadie hubiese jamás reparado en su presencia. A mí hoy me sucede más de lo mismo. Aquí sentada, con las manos guardadas en los bolsillos de mi abrigo azul y la mirada perdida no sé bien dónde, me siento invisible frente al mundo.

Al final de la acera está mi casa. Y enfrente, la tuya. Nos enamoramos siendo muy niños. Y nos desenamoró el tiempo al pasar. Comentan que has regresado. Hay quien dice que no has cambiado. Y eso… eso es mentira. Los dos perdimos la inocencia batallando las mismas guerras, aunque en direcciones opuestas. Y nos quemó el mismo fuego de la desesperanza. Y ambos hemos vuelto a casa. Con la piel tatuada de cicatrices invisibles y las ilusiones perdidas. Y sí, quizá también, con la voz olvidada en algún silencio y el corazón más roto de lo que contamos. Dicen que das por acabado tu viaje. Si eso es verdad, quizá no te vuelva a ver.

El cielo amenaza lluvia y yo… yo debo poner orden en mis propias tormentas para que este corazón, algún día, vuelva a latir. Y deje de ser invisible. Como este viejo banco del final de la calle. Y si tú vuelves a salir al portal con ganas de comerte el mundo, como cuando éramos niños, quizá nos encontremos y nos enamoremos de nuevo para llevarle la contraria al tiempo.

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