Deshabitada

por Pilar Alejos

Desmantelada la casa, el viento amontonó todos los recuerdos que quedaron olvidados por los rincones. Luego, enfermaron de soledad y el tiempo los fue cubriendo de ausencia. El aire se tornó irrespirable cuando lo que antes era vida se tiñó de oscuridad. Fue invadida por el vacío que acabó asfixiándolo todo.

Las palabras fueron acalladas bajo un manto de silencio y jamás regresaron las risas que huyeron despavoridas por tanto dolor. Los días acabaron confundiéndose con las noches, cegados por las tinieblas. El sol se llevó su calor cuando comprobó que era imposible atravesar aquel muro inexpugnable de persianas.

Desde que el amor perdió la batalla contra el miedo permanece deshabitada. Nadie se ha atrevido a rasgar el precinto policial.




Deshabitada
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