ESPEJO ROTO

por Pilar Alejos

En la cafetería la sujeta fuerte con su mano, mientras con el cuchillo la parte en dos. Una manzana entera le parece demasiado almuerzo.

Al volver a casa, engaña a su madre, le dice que ya ha comido en la Universidad. Tras mirar con desprecio su imagen frente al espejo, decide que necesita ir urgentemente al gimnasio. Allí machacará su cuerpo hasta que consiga borrar cada gramo que le sobra.

En la cena corta la carne en pedacitos, que esparce por todo el plato. Con gran esfuerzo, toma un par de bocados para que su familia no insista y la deje en paz.

Después, como cada noche, tras hurgar en su garganta, siente ese sabor amargo del fracaso que tanto duele, y su autoestima de nuevo naufraga en la tempestad de sus lágrimas.




Espejo Roto
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