El gato de la señora Huber

por Plácido Romero

Estaba harto del gato de su vecina, la señora Huber. El minino se pasaba el día maullando e interrumpiendo sus reflexiones: le impedía concentrarse. El molesto morroño dejaba sus caquitas en el jardín trasero. El malévolo felino destrozaba los rosales de su mujer, que se ponía furiosa con él por no hacer nada. En ocasiones, la peluda bestia entraba en su casa y tiraba muebles, arañaba sillones, destrozaba la vajilla, robaba comida de la despensa. Llegó un momento en que no pudo aguantar más. El profesor Schrödinger cogió al gato de la señora Huber y lo metió en una caja.




El gato de la señora Huber
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