Husos amorosos

por Plácido Romero

A él le apetecía por la noche y a mí, por la mañana. No había manera de sincronizarnos. Aguantamos casi tres meses sin hacerlo antes de acudir al asesor matrimonial. Le contamos nuestro problema. Tardó poco en encontrar una solución. Era tan sencilla que nos sentimos un poco avergonzados. ¿Cómo no se nos había ocurrido a nosotros? Sólo teníamos que vivir separados por siete husos horarios.

A mí me tocó, por supuesto, trasladarme a vivir a Nueva York.

Por las mañanas, cuando él se va a acostar, me despierta. Lo hacemos con una pasión que recuerda nuestra época de novios.




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