Precio justo

por Plácido Romero

—¿Cuánto pides por él?
—Cien.
—¿Cien? Debes estar loco. El sol de los caminos te ha afectado a la cabeza. No te daré más de veinte.
—Veinte es muy poco, señor. Ochenta.
—No pagaría ochenta ni por dos doncellas de Idumea. Veinte.
—Setenta. No puedo bajar más. Es un precio justo.
—Por ese carpintero no doy más de veinte.
—Ese carpintero, como usted lo llama, hace milagros… Cuarenta. Es mi último precio.
—Veinticinco.
—Recuerde que es joven. Puede vivir muchos años aún… Treinta y cinco.
—Sé que me voy a arrepentir, Judas. Te doy treinta, pero ni una moneda más.




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