Al final todo salió bien

por Ricardo García

Al final todo salió bien…

Llevo más de 300 kilómetros repitiendo la frase, sudando a pesar de que es noche cerrada. Tengo la boca seca mientras conduzco despacio por carreteras secundarias, fijándome en los cruces, las señales, los controles de velocidad… no quiero llamar la atención, para que me paren y vean el disparo en mi brazo.

Queda poco combustible, pero en la próxima gasolinera ya habré cruzado la frontera del estado, podré parar a descansar y curarme la herida, solo un rasguño. Al final todo salió bien.

Se me cierran los ojos, necesito beber, pero todo está en el maletero, las bolsas con el dinero, los disfraces, las armas y el cadáver de Sam.

Acabo de pasar de estado y delante veo las luces de una gasolinera. A estas horas no hay nadie. Aún así , voy despacio, paro en la zona más alejada de la luz, apago el motor y espero unos minutos… no se oye nada.

Sólo entonces me decido a salir para abrir el maletero.

El disparo se confunde con el estruendo de unas motos a toda velocidad por la autovía. Cuando el humo se dispersa, Sam sale del maletero dolorido, se sienta en el borde mientras desabrochándose la camisa se quita el chaleco antibalas.

—Te dije que deberías llevarlo, le dice al cadáver de su socio antes de arrastrarlo tras unos matorrales, coger unos billetes de la bolsa, cerrar, llenar el depósito y poner rumbo sur.

“Al final todo salió bien”, piensa.




Al final todo salió bien
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