Copenhague

por Ricardo García

Al pagar, él encontró un “quizás”, olvidado al fondo de su bolsillo. Ella pudo adivinar un “puede ser” en el reflejo de aquella mirada triste del chico de delante. Ambos esquivaron un empleado de mantenimiento que escuchaba música con sus auriculares, ajeno a todo

Pasaron veinte minutos hurtando sonrisas y miradas furtivas a la distancia entre las mesas que los separaban. Sin querer, ambos le pusieron demasiados sueños a sus cafés y se quedaron fríos. Los despertó una voz imperiosa y metálica, llamando a sus vuelos. “Qué cabrón es el destino”, pensaron ambos. No tomaban el mismo avión, pero despegaban a la vez. Ella miraba su vuelo hacia Tokio. Él, observándola con disimulo, buscaba el suyo hacia Madrid. Apuraron los suspiros antes de pasar juntos el control sonriéndose bonito, pero maldiciendo entre dientes. Antes de separarse, se regalaron una última mirada.

—Quizá en otro aeropuerto —decían los ojos de ella.

—Me encantaría —respondía la sonrisa triste de él.

Mientras en sus auriculares suena “Copenhague” Maldito aleatorio…

—Otra historia sin final—pensó la camarera mientras apartando un mechón rebelde, recogía las mesas y les veía marchar en direcciones opuestas, ajena a las miradas del empleado de mantenimiento que esperaba bajar en su hora libre a tomar café. Acercarse, rozar su mano al devolverle las monedas y ver esa maravillosa sonrisa mientras ella intentaba, por enésima vez, sujetar ese mechón rebelde de pelo que siempre se le escapaba con los nervios.

Mientras en sus auriculares suena “Copenhague” Maldito aleatorio…




Copenhague
Vota este contenido

Microcuento.es respeta la privacidad de sus datos

Si continúas navegando, aceptas nuestras cookies y las de terceros, no necesarias para la navegación, con finalidades de afiliación, analíticas, publicitarias y comportamentales. Más Información sobre la política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies
Belen Prats - Malas artesIsona clarck - Sibila