Espejo roto

por Ricardo García

¡Pero Papá! ¿te has hecho daño? ¿Qué ha pasado? – grito, al escuchar el ruido de cristales rotos, mientras acudo donde está él, de pie, muy quieto.

Al llegar a su altura lo veo con la cara crispada, muy enfadado. Mirando fijamente la pared donde hasta hace un momento había un espejo. Le tiembla la boca, está rojo por la ira y no puede dejar de mover la mano, cubierta de sangre, con la que acaba de golpear el cristal.

Pero, ¿no lo has visto?. ¡El muy sinvergüenza, se había colado en casa! Menos mal que me he dado cuenta y lo he sacado de aquí. A saber lo que quería ese tipo…- me contesta señalando el trozo de pared desnudo.

¿Alzheimer? – le pregunto todavía confusa al médico.

Más vale que lo aceptes Nadia. – Me contesta él – La enfermedad, avanza a una velocidad importante. Se va a deteriorar rápidamente por lo que indican los análisis. Tendrás que tener mucha paciencia.

No papá, no lo he visto. Pero gracias por protegerme. Como siempre… Mi héroe. – le contesto al hombre que todavía colapsado por la ira, él que jamás se peleó con nadie, está en medio del pasillo rodeado de los cristales del espejo que, hasta hace un instante, colgaba de la pared.

Y lo abrazo muy fuerte, en parte para calmarlo, pero, sobre todo, para que él no me vea llorar a mí.




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