La Boda

por Ricardo García

—Señorita, ¿podría usted indicarme, por favor, el camino más rápido a su corazón? —le dice el chico a la chica señalando vagamente, un plano en la pared, como excusa, para poder estar a su lado y tocarle, a la vez y con disimulo el culo, pasando la mano por su cadera y sus nalgas, sintiendo el suave tacto de la seda de su  vestido.

—La mirada caballero —contesta ella, sonriendo, mientras se deja hacer.— Y, por lo que puedo notar, usted la tiene convenientemente sucia.

—¿Acaso le molesta mi sentido del tacto? —contesta él sonriendo de medio lado, pero sin apartar la mano de su cadera.

—Solo cuando ya se ha dado cuenta de que no llevo ropa interior. Porque eso significa… que me tiene usted en sus manos, como antes… Como siempre me tuvo…—le confiesa ella ruborizada pero riendo, antes de coger su mano para volver desde el parking a la Boda, de donde se habían escapado al encontrarse de nuevo, después de tantos años sin saber el uno del otro…




La Boda
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