El mayor espectáculo del mundo

por Ricardo García

—¡Pasen y vean señoras y señores, el mayor espectáculo del mundo!

Escondido detrás de la puerta, puedo escuchar en mi cabeza la famosa melodía que precede a cada función. Mientras observo cómo los artistas van ocupando sus sitios, sobre la música resuena en mi cabeza, el vozarrón del jefe de pista:

—¡Ocupen sus localidades que tenemos para ustedes un elenco de artistas difícil de superar! Dentro de nada, saltaran a la pista: dos viejos elefantes, que sólo recuerdan lo que les conviene; una pandilla de monos saltarines maleducados, sordos a cualquier autoridad; dos morsas pintadas como puertas, eternas enemigas, que no saben hablar más que de ellas mismas; un orangután ciclado que no deja de mirarse al espejo, en busca de la única neurona que tuvo y que le abandonó… y así hasta completar el elenco de este circo de las vanidades, que está a punto de comenzar…

—Cuñado, ¿no has abierto el vino? ¡Eres lento! —la voz de mi adorado pariente político, distrae mis pensamientos.— ¡Suegra, ya puede poner la paella en la mesa que hay hambre! —grita el simpático, anunciando que el mayor espectáculo del mundo va a empezar: la paella del domingo en casa de mis abuelos, con toda la familia.

— Bendito ibuprofeno que ha conseguido aliviarme un poco la resaca —pienso, mientras agarro la botella de vino y termino de pintarme la sonrisa sujetando la nariz roja, antes de salir a la pista tropezando con mis zapatones de payaso.




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