Sombra

por Ricardo García

Un leve aroma a flores flotaba en el aire, mientras caminaba pegado a las paredes, buscando las sombras. A pesar de ese leve dolor en el pecho y un ligero mareo, sabía que caminaba en la dirección correcta. Avanzaba decidido por calles secundarias, vagamente conocidas, intentando esquivar las miradas indiscretas, siguiendo su intuición. Sentía que estaba en el camino correcto y aunque no tenía muy claro hacia dónde, ni porqué, seguía adelante.

El pecho le empezó a doler con especial intensidad cuando se adentró en el callejón, pero él lo achacó a esa húmeda niebla que, subiendo desde el río, lo empapaba todo. Al adentrarse un poco más en la oscuridad, una punzada especialmente fuerte le hizo doblarse sobre sí mismo. Tropezando y tambaleándose, llego a duras penas hasta el centro donde ya no pudo aguantar más y se desplomó bajo la luz de la única farola encendida.

A su lado, en el suelo, pudo ver un ramo de flores y una nota, que alguien había dejado: “Demasiado tiempo sin ti”. Al reconocer su letra una lágrima rodó por su mejilla, mientras recordaba que hacía un año, en este mismo lugar, le dispararon en el pecho por mediar en una riña absurda. Y mientras pensaba que la muerte todo lo congela, se vio rodeado de la espesa niebla que hizo desaparecer definitivamente su recuerdo, dejando un sutil aroma flotando entre las muchas sombras que, como la suya, habitaban en el callejón del Aire.




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