Soñar

por Rodrigo Andreu

Playa. Caminata. Luego auto. Carretera. País extranjero. Sin saber muy bien lo qué haces ahí. Pero con la sensación de que descubrirás algo bueno, algo puro, algo tuyo.
No estás huyendo, ni mucho menos, solo has querido respirar aire nuevo.
Y de pronto, alguien a quien nunca viste, pero sabes que es para ti. ¿Casualidad? No. Ni mucho menos. Son las ganas que te empujan y sientes que algunos abismos son más bonitos que otros. Porque se salta de a dos.

Y ahí vas, cayendo. Entre historias y besos. Entre caminatas y coches. Entre arena y pavimento. Entre amor y locura. Entre música y silencio. Y lo extranjero ahora es tu casa. Y ya no eres forastera en sus “te quiero” o en sus “quédate”. Y sientes. Mucho.

De pronto despiertas. Y le preguntas al espejo dónde has estado.
¿Se puede sentir de lejos?
¿Puedes tocar lo que no ves?
¿Amas sin darte cuenta?

Y ahí vas, con la sonrisa puesta. Feliz. Y eso, es de verdad.




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