De azules y arrojos

por Román G. Camas

Tú eras la ordenada de los dos. Hasta en los rincones más insospechados de la casa relucía tu sello. Eso incluía el baño. Fue idea tuya la de poner unas baldas en la pared de la ducha para colocar los artículos de aseo. Y la del garfio de la que colgaban las dos esponjas. Una roja y otra azul. Una siempre delante de la otra. La roja delante de la azul: también eras la madrugadora de los dos.

Desde aquel veintidós de noviembre, la esponja azul siempre está delante de la roja. Ya no tengo que apartarla primero para coger la otra. Y tampoco me deshago de ella. Desde aquel veintidós de noviembre, las lágrimas se disimulan entre el agua y los sollozos entre la espuma.

Hoy vuelve a ser veintidós de noviembre. La roja vuelve a estar delante de la azul.




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