La Torre

por Román G. Camas

El arquitecto elevó la mirada, a pesar de que no conseguiría divisar la cumbre de su obra. Al día siguiente, la torre más alta que la humanidad jamás contemplaría estaría completa.

Orgulloso por el trabajo bien hecho, dio un par de instrucciones a sus ayudantes y marchó a casa donde aguardaba su fabulosa esposa. Aquella noche durmió plácidamente, después de años intranquilo por las dificultades que había conllevado tamaña empresa. Pronto, los límites de la humanidad serían superados.

A la mañana siguiente, al despertar, pudo observar maravillado desde la ventana de su habitación que la torre estaba al fin terminada. Ya podían considerarse amos del cielo, así como ya lo eran de la tierra. Se levantó de un brinco en busca de su esposa para mostrarle las hermosas vistas. Cuando llegó a su encuentro, ésta lo abrazó y le dijo:

—Félicitations, mon amour! Vous avez fait l’histoire.

—What? Sorry, darling. I don’t understand you.

Ambos se escucharon horrorizados. Miraron por la ventana y comprobaron petrificados cómo la torre se derrumbaba estrepitosamente. Se devolvieron la mirada y comprendieron que si errar es humano, rectificar es de dioses.




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