Cuéntame

por Sara Olivas

Pasa, no te quedes ahí parado, ni me mires de reojo
como disimulando, haciéndome creer que no me quieres ver, ni me quieres enseñar todo lo que viviste en ese lugar tan especial.

Pasa, te lo pido por favor, sin permisos, sin agobios,
y con mucho amor.
Quiero que me muestres lo que tus ojos ven cuando desde
la ventana admiras paisajes de ensueño y figuras extrañas que sólo tú puedes ver.
Pero, dime, ¿qué es lo que realmente ves?

Parejas paseando por la calle, agarradas de la mano
o que esperan la luz verde de aquel semáforo, ancianos en un banco contándose batallas de juventud mientras a su lado, palomas hambrientas les observan sin reparo, adolescentes en la esquina del parque de al lado, fumando a escondidas y creyendo que saltarse
horas de clase es lo más rebelde de sus vidas, perros ladrando, pájaros volando, y gatos en el tejado.
Gatos que, al mismo tiempo que son observados, fijan
su mirada en ti que, sin pararte a pensar, deberías darles las gracias a todos ellos, pues sin sus vidas, quizás la tuya tendría mucho menos sentido.

Pasa, no te quedes ahí parado, quiero que me cuentes
cómo se ve la vida cuando es ella la primera que te mira.




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