Destino: la vida

por Sara Olivas

Ebria y juguetona vino a buscarme de madrugada.

Con la noche pegada a las pestañas, me enseñó las garras por debajo de la puerta.

La reconocí por su plumaje negro esperanza y el cabello recogido. La sonrisa ya la había perdido en la infancia.

No avisó. Se presentó.

Rayó con sus uñas el fuerte roble que me separaba de ella, de mí, y con un suave hilo de voz se posó en mis sueños más oscuros y perversos, creyéndose dueña de una cabeza que no es más mía por vivir pegada al cuello, que no es más mía por albergar infinitos recuerdos.

Acunó mi soledad como solo ella supo, durmió a mis monstruos y entonó su bello canto para acompañarme en el viaje que es la noche y cuyo destino es la vida.




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