Arenas movedizas

por Sergio Chico

Hoy me han vuelto a recordar de qué se trata esta cosa tan absurda del amor y los sentimientos.

Partamos que hablo del amor de mi vida, de una relación de varios años que me dejó tocado por más costados de los que tengo. Partamos de una conversación que nunca debió producirse. No al menos un Viernes a las cuatro de la tarde cuando yo aún estaba mudando la piel de la historia que tuvimos. No al menos mientras pedía a gritos que alguien tirara de mí y me sacara de aquel montón de mierda en el que me metí yo solito.

Un abrazo. Necesito un abrazo. No puedo esperar más. Un abrazo ahora.

Me gustaría también un beso, de quien estuviera dispuesto a poner en la tercera marcha su ventilador para despejar toda mi niebla. La que él trajo, yo venía despejado de fábrica. Estoy poniendo el mute a mi piel, que parece no cansarse de pedir auxilio a cualquier desconocido que se acerca unos centímetros más de la cuenta.

Respira. Nadie va a calmarte hoy. Recordé que de vez en cuando, alguien necesita romper nuestra frialdad introduciendo sus manos en el fondo de nuestro pecho. Apretando el corazón entre sus manos. Hacernos recordar que el dolor insoportable es el mejor signo de que estamos vivos. Dejar el corazón parado, en descanso. Hasta que otras manos vuelvan a sostenerlo pero esta vez, para reanimarlo. Dicen que los pasos en falso a veces conducen hacia los mejores destinos, pero no fue nuestro caso.

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