La conquista de Marte

por Sergio Sarria

Año 2018. Casi 50 años después de que Armstrong pusiera un pie en la luna, el capitán Alfred J. Wilson está a punto de descender de la Mars V y colocar la bandera de los Estados Unidos sobre el primer yacimiento de agua encontrado en el planeta rojo. Dos lunas infinitas iluminan el sendero que separa a Wilson de la gloria eterna. El astronauta, una antorcha de plata en la noche de la historia, avanza con extrema dificultad a través de la superficie ácida marciana, ahogado por la ingravidez y agarrotado por la responsabilidad. Un viento helado azota la tierra cobriza con tal violencia, que más que desplazarse, las partículas de arena se suicidan contra los márgenes del sendero. Basta un rápido vistazo a este erial polvoriento para entender que no está en un planeta sino caminando sobre un ataúd; el suyo. Lo más sensato sería abandonar la misión y regresar a la seguridad del módulo espacial. Pero Wilson hace tiempo que dejó atrás la prudencia y progresa decidido hacia el pozo.

A tan sólo un metro de su Ítaca astral, los responsables de la NASA en Florida observan con terror cómo la bandera cae de sus manos y los monitores se funden a negro. Se ha perdido la conexión. Se ha roto el cordón umbilical que unía a Wilson con la tierra. El coloso espacial ha desaparecido.

55 segundos después, la cuenta de Instagram de Wilson muestra un selfie suyo con el yacimiento de fondo: “#aquípasándolofatal #marte #veranito”.




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