Mariposas

por Sor Furcia

Todavía recuerdo la primera vez que le vi, la primera vez que hablamos, nuestra primera cita, cuando le besé al salir del cine… Son momentos que me gusta recordar y que, cuando lo hago, también me acuerdo de lo que sentí: nervios en el estómago, el corazón a mil por hora, temblor en las piernas…

Pero el tiempo va pasando y pasan las segundas y las terceras veces, y aquí estoy, tumbada a su lado en la cama de la casa que hemos decidido convertir en nuestro hogar. Le observo de reojo, concentrado viendo un partido y hablando a la tele como si le pudieran oír, mientras yo hojeo desinteresada una revista.

Sabía que convivir iba a suponer pasar muchas más primeras veces, aunque hay algunas en las que no piensas hasta que llegan… Y esta ha llegado, y otra vez siento que mi pulso se acelera… ¡Qué vergüenza, joder! Pero no lo puedo evitar, ya no aguanto más, hago un poco de fuerza y rezo para que no suene.

Prrrrrrrrrrr

¡Mierda! Le miro con los ojos como platos, él se queda paralizado, clavando su mirada en la mía, y solo atino a balbucear “Son las mariposas de mi estómago, que dicen que te quieren”, y él me contesta “Pues a mí me parece que tus mariposas se están inmolando” y se echa a reír a carcajadas mientras yo cojo el edredón y le meto la cabeza debajo para asegurarme de que esta primera vez, él tampoco la olvida nunca.

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