Cuentos cortos de terror

Cuentos cortos de terror

Cuentos cortos de mucho miedo

Nos encanta leer historias y si son de miedo mejor. Cada año proponemos a nuestros lectores un reto para buscar los mejores cuentos cortos de terror que nos pongan los vellos de punta. En más de 5 años de retos, estos son los microcuentos de terror que más miedo nos han hecho pasar. Muerte, locura y las horribles verdades del inframundo. En todos estos microrrelatos de terror, la intriga, la emoción, y, sobre todo el miedo, están asegurados. ¡Os garantizamos que estareis sin dormir unas semanas gracias a estos cuentos de miedo

Los mejores cuentos cortos de terror

Os aconsejamos que apaguéis las luces, cerréis las ventanas y os dejéis llevar por estas historias de miedo basadas en hechos reales… O no. Esperamos que no estéis solos porque vais a pasar mucho miedo con esta recopilación de los mejores cuentos cortos de terror de los cuales se han producido videos con ellos.

1.- «Ellos»

por Sora Sans

«Encendió la lamparita que los ayudaba a dormir. Los arropó en sus camas y les dio el rutinario beso de buenas noches.Mientras entornaba la puerta y los miraba con una sonrisa de amor, la oyeron susurrar: Ya vienen.»

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2.- «Timbre a medianoche»

por Álvaro Fernández Fernández

« Sonó el timbre a medianoche. Despertó de su sueño con el vello de punta. Abrió la puerta, pero no había nadie. Él ya estaba dentro.»

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3.- «Las brujas»

por BasilioBernon

«Era más de medianoche, caminaba de regreso a casa acompañado de mi madre, una lechuza nos sobrevoló soltando graznidos, mi madre se persignó y bajo la mirada —Es solo un animal— dije con tono escéptico —¡No la mires!— contestó ella sin levantar la cabeza —Está en el árbol— sin reparar lo que hablaba levante la mirada y la vi, la mujer enfundada en prendas blancas escondida entre las copas de los árboles, llevaba el cabello tan largo y negro que se mecía a merced del viento, comenzó a graznar y salió volando —¡Baja la cabeza!— ordenó mi madre —Tiene hambre—»

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4.- «El aliento»

por Rafa García Meseguer

«El cálido aliento en su nuca la tranquilizaba hasta que recordó que dormía sola..»

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5.- «Nanas»

por Ary Blue

«Adoro las nanas que me canta mi padre cada noche, antes de dormir. Su voz suena fenomenal gracias al eco en las paredes de madera. Mi madre, sin embargo, dice que no son horas de ir al cementerio.»

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6.- «LA ESQUINA»

por Carlos Moregó Gómez

«Apago la luz y lo noto en la esquina de mi habitación. Impasible. Enfermizo. Sus ojos clavados en mí y su boca entreabierta. No sé qué quiere, soy incapaz de hablarle. Me giro y rezo por que se marche. Nunca lo hace. Y cada día se acerca un paso más.»

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7.- «Amnesia»

por Dani Martín

«Wiaun sethgre hausiolok. Solo con recordarlas me duele la cabeza, pero no consigo precisar para qué eran. Hace demasiado tiempo, y he mezclado recuerdos con pesadillas… Aunque, sí, eran ESAS palabras. Espero que no las hayas pronunciado bien, lector, y si lo has hecho, no mires hacia tu espalda.»

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8.- «Despertar de un sueño y vivir una pesadilla»

por Melina Bavasso

«Estaba en un bosque desolado, era de noche y solo alumbraba mi pasar la luz de la luna. La única melodía que se escuchaba era la de mis pasos descalzos y la agitación de mi respiración luego de tanto andar. La desesperación penetraba en mi alma y hacía bombear mi corazón a la velocidad del viento que erizaba mi piel. Una mano que quemaba toco mi espalda y escuche un susurro tan lejano que no logré comprender. Sentí un dolor desgarrador y de pronto vi mi habitación. Desperté con una frase tatuada en mi piel: ‘No despertarás jamás’.»

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9.- «El Armario»

por Abydonkor

«Mientras arropaba a mi sobrino, él me dijo:
—Tata hay alguien en el armario.
Yo le contesté:
—No hay nadie.
Pero por su seguridad miré. Encontré entre su ropa a mi sobrino tembloroso. Miré hacia atrás y fue cuando vi su sonrisa.»

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10.- «Lady Charis»

por Albert Gamundi Sr.

«La brisa marina acariciaba sus dedos mientras pasaba otra página de aquella absorbente novela. Una ligera brisa marina nocturna hizo que el vello del lector se erizase, las mareas se arrastraban, igual que sus dedos intentando retener en su cuerpo, las reacciones que le provocaba la sensualidad de Lady Charis. Embelesado por las tintas, la suave temperatura marítima en otoño y el creer que podía oler a su ficticia princesa, empezó a experimentar en carne propia los pequeños mordiscos en el cuello, las uñas arañando sus carnes y la suave nariz de la dama más allá de las líneas. Convencido por las sensaciones evocadas por el autor, cerró los ojos y dejó que su mente volase libremente.

Una astuta sirena, quien no precisó de técnicas de seducción físicas, tomó la obra en sus manos para continuar leyendo con voz melosa, mientras una compañera emulaba las tintas, cuando una tercera lo arrastraba lentamente. El solitario varón, quien se sentía en un sueño disfrutando de lo que consideraba el arte de la inmersión gracias a la pluma del autor, fue callado con un beso poco antes de caer al mar.
Sus ojos se abrieron dentro de las negras mareas, el rostro apolíneo de Lady Charis lo miraba, su corazón se derritió de dulzura por un par de segundos, antes de que las fauces se abrieran y un grito quedase ahogado por cinco metros de agua.

Horas más tarde, el libro apareció en la arena mojado, rasgado y marcado por unos labios ensangrentados.»

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11.- «Dentro»

por Rafa Vera

«Tras la plancha de metal, quince centímetros de grosor, tengo una indefinida sensación de seguridad. Afuera todo son gritos, decreciendo según pasan los minutos. Algún llanto ocasional, llamadas de auxilio y, sobre todo, el desagradable sonido de la salivación mientras se mastica. Ignoro cuántos quedaremos sanos, limpios, inmaculados o como a bien tengan llamarnos. Sí estoy seguro de que, en mi grupo, apenas salimos doce. Por el camino, siete sufrieron infecciones varias por dentelladas y arañazos. Tres tropezaron entre sí, quedando a merced de las criaturas, otrora compañeros, que necesitaban transmitir la virulencia. Quedábamos Molina y yo. En un arrebato de heroicidad, viéndonos completamente cercados, me empujó al búnker interponiendo su cuerpo lacerado entre la puerta y la plaga atrancando la gran plancha de metal.
Estoy orgulloso de él, ¡cómo no estarlo! ¿Hubiera hecho yo lo mismo? A saber. Ahora no puedo pensar en eso, tan solo en contar los gritos que quedan para que todo acabe. ¿Cuánto durarán las criaturas? ¿Cómo será el mundo cuando vuelva a atravesar la plancha de metal? ¿Cómo podré abrirla? Me consuelo esperando que quien la construyera hubiera tenido en cuenta cualquier contratiempo. Oigo ruidos, ¿se ha caído una de las estanterías de víveres? No, son pasos. Pero es imposible: estoy solo en el búnker, nadie entró conmigo y fui yo quien lo abrió, cerró Molina. Espera, ¿qué hay en la puerta? Mejor comprobar que cierra. Mierda; está atrancada, sí,… pero por dentro.»

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12.- «NATASHA»

por Sergio Linde

«Al principio, no me creeréis, como le ocurrió a Juan. Pero cuando terminéis de leer mi relato tendréis la misma certeza que ahora tiene él de que los fantasmas existen.
Hace dos semanas, cuando en la oscuridad de la noche volvía a casa por el callejón del cementerio, escuché un extraño sonido, agudo y desagradable, que parecía provenir del mismísimo infierno. No era la primera vez que ese sonido me asaltaba al pasar por allí, pero esta vez lo sentí mucho más próximo. No me detuve. Caminé más deprisa. No había recorrido ni la mitad del largo callejón cuando noté detrás de mí una presencia fantasmal, que bajo la escasa luz de las farolas cobró vida en forma de sombra. Una sombra en la que pude distinguir con claridad la figura de Natasha. Seguí adelante, casi corriendo, pero justo cuando iba a salir del callejón no pude evitar detenerme al percibir el aroma inconfundible de su perfume. Y miré atrás. Ahora, Natasha me acompaña fielmente cada día cuando vuelvo a casa por el callejón del cementerio.
Ayer, mi buen amigo Juan, tras contarle el suceso, decidió acompañarme y cuando aquel sonido, agudo y desagradable, apareció, él me dijo: ‘Pedro, tienes que aceptarlo. Natasha está muerta. Los fantasmas no existen.’
Y ahora, me dirijo a aquellos de vosotros que aún no creéis en fantasmas con la misma pregunta que le hice a Juan:
Entonces, ¿Quién está ahora mismo detrás de ti?»

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13.- «Haz caso a las leyendas»

por Marina Cabrero

«Las leyendas lo decían pero yo no hice caso y me adentré en la vieja cabaña del bosque haciendo que la madera se quejara bajo mis pies. Noté frío, el vaho salía de mi boca cuando sentí un gélido aliento detrás de mí, un escalofrío me invadió y me giré. No había nada. Crujido. Un paso más y llegaría dónde nadie más lo había hecho. Los rayos blanquecinos se colaban detrás de los tablones, dejándome ver la habitación del cruel asesinato que partió en dos las almas del pueblo. Las nubes cubrieron la luna sumiéndome en la más absoluta oscuridad. Busqué la claridad pero solo me encontré con dos ojos brillantes y una sonrisa diabólica, acercándose. Me paralicé. La madera seguía crujiendo bajo los pasos. No eran los míos. Nunca llegué a esa habitación. Viva.»

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14.- «Baño»

por Milton Ekman

«Sube por las escaleras. Llega al primer piso, mirando sobre sus pasos constantemente. No hay nadie, pero siente que la siguen. Hay algo raro en el aire, algo espeso. Entra al baño. Es un baño viejo, abandonado, en desuso. Las canillas gotean y el ruido de las gotas sobre las bachas de metal es ensordecedor.
Se queda mirando el espejo, viejo, cubierto de polvo. El chiflido del viento se filtra por la claraboya y un sudor frío le recorre la espalda. Se sobresalta. Hay algo en el espejo. Por un breve segundo hay algo en el espejo. Cuando vuelve a mirar, no hay nada.
Las canillas se abren. Todas de golpe. Giran las perillas y las manijas se abren y de ellas salen chorros de agua.
Se asusta. Se sobresalta. No grita, pero tiembla.
Se esconde en uno de los cubículos del baño. Cierra la puerta con traba y se recuesta contra la pared opuesta al inodoro. Detrás suyo sólo están los fríos azulejos de la pared. Aun así siente como una mano le agarra la espalda.»

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15.- «…y se reían»

por Margarita S

«… y cuanto más les contaba de aquella mujer que entregaba rosas negras a cambio de la vida y alma del desdichado que las recibía; más se reían y más vino me ofrecían. -¿De verdad crees haber visto a la muerte?, -¿Crees que nos asustas?, -¡Que venga esa dama!; un trago hemos de invitarle a cambio de sus flores.
Aún se burlaban cuando me levanté y les agradecí las bebidas… les devolví la sonrisa cuando sus ojos se llenaron de lágrimas al verme levantar mi canasta con una carga de rosas negras que no pudieron rechazar cuando se las entregué…»

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16.- «Amada mía»

por Samir Dabian Guerra

«Todos dicen que llegará el día en el que, al despertar, dejaré de buscarte en el lecho junto a mí. Paso el día aullando por el dolor de tu pérdida, arrastrando los pies y vagando errante por una ciudad lúgubre y vacía, llena de almas en pena como la mía, también deambulando sin esperanza, en la búsqueda de sus seres amados y perdidos. Por mucho que ingiera, ya no hay alimento alguno que sacie mi hambre de ti.
Todos dicen que el tiempo acabará reuniéndonos de nuevo, pero es que este ataúd es tan solitario…»

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17.- «Autocine»

por Kirke

«Me quedé sola, el Mustang destartalado, encallada en un mar de grava. Había sido un completo error usar aquel trasto para ir al autocine. La equivocación, acaso, era seguir viéndome con ese cretino. Compartir bodrios cinematográficos, burdos pretextos para tocamientos soeces.
Jadeos, gritos. Los demás coches se fueron.
Hacía más de dos horas que Jim había salido. La cabina más cercana estaba a tres kilómetros. Al principio no me preocupé. Al principio.
Echó el candado la noche.
Silencio.
Merodeaban algunos murciélagos.
Mi respiración agitada.
Unos pasos.
Jim regresaba.
Lo hacía acompañado de tres tipos.
Esas risotadas.
Era julio.
Sentí frío.»

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18.- «Sonámbulo»

por Álvaro Cst

«Compartía habitación con su hermano.
Sonámbulo, todas las noches le despertaba exigiéndole que se fuese de casa.
A lo que él hacía caso omiso.
Aquella noche, desapareció y con sangre en la pared junto a su cama había escrito: ‘solo trataba de protegerte’.»

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19.- «Manos ahumadas»

por marga

«La larga calle estaba oscura y el tintineante taconeo de unos pasos de mujer llenaban todo el silencio. Un maullido rompió la monotonía seguido del chirrido de una hoja de puerta. Una mano tosca asió la frágil cintura que no tuvo tiempo de escabullirse antes de recibir un golpe seco en la cabeza que la privó de sentido. Una hora después despertó asida a una silla. Un gato la olisqueaba.Al fondo la silueta de un hombre manipulaba unos cuchillos. En la chimenea crepitaba la leña.Alzó la mirada
al techo y sus pupilas se desorbitaron.Había ristras de manos ahumándose.»

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20.- «Llamado»

por R27

«Un 30 de octubre, poco antes de medianoche, una pequeña niña de 7 años, llamada Lesslie, jugaba alegremente con sus muñecas.
Se podía escuchar cómo alguien cocinaba en la planta baja. Lesslie tenía claro que era su madre, ya que, en esa casa, solo vivían ellas dos.

—¡Cariño, a comer!

La pequeña dejó sus muñecas.
Salió de su habitación y, estando a punto de bajar las escaleras, un brazo la rodeó, le cubrió su boca y susurraron a su oído…

—Sh…No bajes; yo también lo escuché…

La pequeña estaba confundida. Si su madre estaba saliendo de su respectiva habitación, ¿quién estaba en la cocina?…»

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21.- «Sueño Lúcido»

por Maufonseca11

«¿Estoy dormido? No lo sé aún. Enfoco la esquina opuesta del cuarto y la veo de nuevo. El epicentro de mis pesadillas. Negra, delgada y sosteniendo su báculo inseparable. Nunca he podido verle la cara pero sé que es ella, la muerte. Está ahí y puedo sentir su mirada de curiosidad desde unos ojos vacíos. No se mueve pero la túnica ondea en el claroscuro. Observa y calla, nunca dice nada.

Necesito despertar…»

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22.- «Huyendo conmigo de mí»

por Vicky grande

«Subió las escaleras y allí estaba ella, con un hacha en la mano y llena de sangre señalando a la que iba a ser su próxima víctima. Echó a correr saltando los escalones de dos en dos y al llegar a la planta baja vio su reflejo en el espejo que había en la pared. Estaba llena de sangre, manchada de pies a cabeza y fue ahí cuando se dio cuenta de que no podía huir de alguien que estaba presa en su propia cabeza.»

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23.- «¿Quién llama a la puerta?»

por eliswebs

«Toc, toc, toc… escuchó desde el sofá al otro lado de la puerta. Qué extraño, ¿quién será a estas horas? —pensó —. Toc, toc, toc… Se levantó para abrir la puerta Toc, toc, toc… giró el pomo y abrió de golpe. Un olor nauseabundo le abofeteó la cara pero no había nadie. Toc, toc, toc, volvió a escuchar.»

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24.- «Lo que acecha»

por Kelamind

«Tenía casi cuarenta años pero seguía manteniendo intacta esa superstición infantil.
Sabía que era una chiquillada, pero si no lo hacía se sentía incapaz de dormir.
Todas las noches, antes de acostarse, se agachaba y miraba bajo la cama.
No buscaba un monstruo en concreto, su miedo era algo sin forma, un terror viscoso que acechaba en la oscuridad.
– Tienes que dejar de hacer esto-se dijo- Además, si algo quisiera esconderse no lo haría ahí debajo.
Al levantarse y darse la vuelta se le heló la sangre…
Efectivamente.
No había elegido la cama para esconderse.
El primer mordisco fue el que más dolió…»

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25.- «Todo está oscuro»

por Sara Olivas

«Todo está oscuro, alguien se acerca.
Oigo unos pasos tras de mí que no me suenan, que no reconozco, que no son los míos ni los tuyos ni los de cualquiera.
Intuyo un cuerpo, un soplo de aire en mi nuca, una mano que me agarra y otra que me empuja.
Todo está oscuro, hay alguien cerca.»

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26.- «Las dos caras.»

por curly

«Me levanté en la mañana , llevaba 3 días seguidos inconsciente.
Camine por toda la casa y todo era un desastre mi gato estaba muerto y había sangre por todos lados. Sentí el hormigueo en las manos, y el pecho. Era señal de que sucedería de nuevo.
Miré rápidamente a mis alrededores buscando mis pastillas, debía evitarlo a toda costa.
Comenzaba a ver borroso y tropecé frente a mi espejo, pero ya era demasiado tarde.
Ya no era yo quien miraba al espejo, era ella quien sonreía, la otra parte de mí.»

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27.- «Gritos»

por @gubc

«Los gritos se ahogan en la madrugada. Corre con el corazón a mil, sin rumbo, una risa y una voz gutural persiguiendolo. Se desvanece. Recuerda la fiesta, el descontrol, la excitación, las velas negras, los disfraces y la sangre. Se estremece y cae al pie de una cruz pidiendo perdón. Llora, suplica y la voz gutural ‘no puedes huir de tu destino’. Siente una punzada en el vientre. Una risa. Siente un líquido tibio, horror. Trata de guardar sus intestinos. No le quedan fuerzas para gritar. Cierra los ojos. Alcanza a leer ‘Cementerio Municipal’. La risa apaga su último suspiro»

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28.- «El tenebroso hombre de la nieve»

por J. Castillo

«El cuerpo estaba desparramado por doquier sobre la nevada montaña. La cabeza despojada de cabello, orejas, ojos, nariz, dientes y lengua yacía en una pendiente. Más abajo se encontraban esparcidos esos faltantes. Los brazos y piernas se localizaban a metros de distancia. El tronco junto a un arbusto asemejaba ser un sombrío espantapájaros. Las entrañas, arterias, venas, piel y vello cubrían parte del territorio. La sangre componía un gigantesco granizado en el frío lugar. Los huesos apilados formaban un montículo lúgubre.
Con esfuerzo sobrenatural logró unir todas sus partes y así se convirtió en el tenebroso hombre de la nieve.»

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29.- «Crudo»

por Renton

«La carne cruda siempre le había asqueado.
Lo primero que haría sería ir a por un buen filete al punto en el restaurante del final de la calle, el que veía cada día desde hacía dos años por una diminuta rendija en la ventana tapiada.
Lo segundo, volver al piso y vengarse.
Pero antes debía acabar de desprender a mordiscos su brazo de los grilletes.»

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30.- «Desaparecer»

por gabulabis

«Abre los ojos. Nuevamente esperando que la oscuridad se haya ido o que un mínimo haz de luz le permita observar algo, cualquier cosa. Pero no; la negrura sigue cubriéndolo todo. Ya no recuerda cuántas veces despertó.
Sí recuerda el dolor, que persiste. Muñecas, tobillos, un costado, quizás cerca de las costillas. La cabeza, arde. Respirar sigue siendo difícil, pero puede distinguir el olor a sangre. Dos puertas se cierran a golpes. El auto se pone en marcha. Antes de que arranquen alcanza a escuchar: «¿Cuánto hace que está el paquete atrás? Hay que despacharlo hoy.»»

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31.- «La broma final»

por Ozymandias

«Eran las once y media cuando llamó al timbre. La broma, según le habían dicho los nuevos compañeros, había que prepararla antes de la media noche. De pronto la puerta se abrió. Del otro lado surgió un oscuro pasillo. Al fondo, una figura con traje talar le invitó a pasar haciéndole señales con su mano huesuda. Nada más traspasar el umbral, la puerta se cerró a su espalda. La figura comenzó a acercarse hasta que por fin pudo distinguir su verdadero rostro. Fue entonces cuando oyó unas voces a lo lejos, comprendiendo al instante que había llegado demasiado pronto»

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32.- «Insomnio»

por horten67

«Parecía una noche más, una de paseo nocturno por el insomnio. Pero desde hacía rato, sentía que alguien seguía sus pasos. Cada vez estaba más cerca. ¿Por qué no había nadie en la calle? ¿Nadie más tenía insomnio? Aceleró el paso, la presencia también. Su corazón latía a un ritmo frenético. Comenzó a correr, ahora sentía que la tenía casi en la nuca. No sabía dónde meterse, ya no le daba tiempo para llegar a casa. No había nada que hacer, estaba perdida.»

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33.- «Tacto»

por palabraregalada

«Rebusqué entre sus ropas y no encontré ni un centímetro de piel.»

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34.- «Las noches de tormenta»

por Silvia Sanfederico Roca

«La mano golpeaba insistentemente el cristal de la ventana de mi cuarto. Clavé mi mirada en ella, sin poder apartar la vista de los blancos nudillos que, con su monótono golpeteo, conseguía despertar en mí una claustrofóbica sensación. El lejano retumbar de un trueno hizo que despertase de mi pesadilla. El viento hacía que la rama de un árbol golpease mi ventana. Me tranquilicé, solo había sido un sueño. Mas, al día siguiente, descubrí huellas en el cristal y un mensaje escrito en él: ‘¿Por qué no me abriste? Volveré noche tras noche, en los días de tormenta.’»

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35.- «Silencio»

por GemmaMC

«Despertó sobresaltada y sudorosa, como muchas otras veces debido a las continuas voces que invadían su casa y su mente, pero esta vez no había ruidos que perturbasen su descanso.
Fue a refrescarse y mientras contemplaba el reflejo que devolvía el espejo del baño una sonrisa siniestra se dibujó en su cara dejando asomar la dentadura perfecta.
‘Todos muertos’ susurró.
Volvió a la cama y siguió durmiendo.
Silencio, al fin silencio…»

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36.- «¿Dónde estoy?»

por mjparejo

«No hay luz, no puedo ver, alguien está conmigo. Oigo la respiración, la noto cerca, mi piel se eriza, no soy capaz de hablar. ¿Dónde estoy? Intento palpar con las manos algo a mi alrededor, noto tierra húmeda y la presencia cada vez más cerca, intento pedir ayuda, no tengo voz, una carcajada se escucha a mi lado ¿es mi último día? ¿por qué a mí?… me rozan la espalda, ahora el brazo, la pierna, la cara, el pelo, me agarran fuerte del brazo y me golpean en la cabeza, ya no oigo nada, creo que he muerto.»

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37.- «Sombras…»

por williams

«No puedo precisar cuánto hace que ellas llegan hasta mí. Ni porqué. Solo sé que no me dejan dormir, gimen y se arrastran hasta mi camastro y me miran con el agujero negro de sus pupilas y ríen, desdentadas. Una era Claudia y la otra, Erika, mis hijas amadas…aquí en el hospicio, las extraño. Pero la sangre de sus cuellos me salpica todavía y las sombras de sus cuerpos, aunque abrigadas, me asfixian.»

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38.- «LAS 21:59»

por Chinimiri

«Salí de allí huyendo de nuevo y sin pagar la última copa. La había vuelto a ver, con su vestido gris y ese tatuaje en el cuello. Corrí calle abajo con la única luz de un faro que iluminaba la noche. Notaba su presencia detrás de mí, quería alcanzarme y un sudor frío inundó mi cuerpo al ver que me encontraba en una calle sin salida. Eran las 21:59h, justo la hora que marcaba su reloj tatuado en el cuello.»

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39.- «Reflejo»

por Mónica Beneroso

«Era medianoche y estaba sola en casa, cuando mi hermoso gato blanco, llamó a la puerta para entrar. Antes de abrir, miré por la ventana y lo vi, sentado en la vereda. Abrí la puerta para ir a buscarlo, y ésta se cerró detrás de mí. Intenté abrirla, pero estaba atrancada. Entonces, la cortina de la pequeña ventana se corrió y un rostro apareció observando hacia afuera. Era yo, con el cabello encrespado, y un famélico gato negro, gruñendo en sus-mis brazos.»

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40.- «Ya no estás sola.»

por Esther_TP

«En aquella noche oscura, sus pensamientos y el tic tac del reloj componían las sinfonías más tristes jamás escuchadas.

Hacía frío, y la nariz se le congelaba fuera de las sábanas, así que se tapó hasta la cabeza y se sumergió en el océano de su deshecha cama, donde ya nada más que había sitio para ella.

De repente, un escalofrío recorrió su espina dorsal y puso a galopar su corazón a mil por hora: alguien o algo, estaba golpeando en su ventana de un sexto piso en la calle Fuencarral. Al parecer, las leyendas eran ciertas: no vivía sola.»

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41.- «Duermevela»

por Mar Rojo

«La enfermedad no le daba tregua; solo ansiaba dormir. Cerró las ventanas, bajó las persianas y se dejó mecer por la voz profunda de Johnny Cash en la más completa oscuridad. Tanteando las paredes con dedos trémulos, tropezó con el sofá, se tumbó y esperó a que la venciera el sueño.
There ain’t no grave can hold my body down,
When I hear that trumpet sound I’m gonna rise right out of the ground.
La voz del cantante le llegaba desde muy lejos, como un eco devuelto por las profundidades submarinas.
La primera vez que llamaron al timbre, el vibrante sonido parecido a la sordina de una trompeta la sacó de un duermevela erizado de pesadillas. La boca le sabía a tierra. Se levantó trabajosamente y con paso vacilante se acercó a la puerta. No había nadie.
La segunda vez, aturdida y extrañada, volvió a levantarse para mirar, pero el umbral seguía vacío.
La tercera vez, al sonido del timbre se unieron unos golpes secos en el portón. Convencida de que estaba siendo víctima de una broma pesada, abrió de improviso para pillar al bromista. Nadie.
—¿Has visto, Juan? —exclamó la voz de su hijo menor—. ¡La puerta se ha abierto sola! ¿Quién anda ahí? ¿Mamá, dónde estás?
—¡Déjate de bromas, Marcelo hijo! ¿Pues dónde voy a estar? ¡Aquí mismo! —gritaba ella, confundida, pero nadie la veía ni la escuchaba. Un escalofrío le recorrió la espalda cuando sus hijos la atravesaron a toda prisa para llegar al salón.»

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42.- «Mi turno»

por Hector C. A.

«Ya era hora que se fueran, no aguantaba más sus respiros y risotadas.
¿Pensaban acaso que solo era un juego, que nadie se enteraría, que las almas no sentimos, ni queremos – ni jugamos -?
¡Ellos me invitaron, ellos me soltaron, desde lo hondo me invocaron y ahora ya no están!
Corren, a lo lejos escucho sus pisadas que tropiezan unas con otras.
Estos niños hechos de piel no conocen la otra vida. Ellos no saben que a nosotros no nos atan ni el oxígeno, ni el cansancio, ni el dolor; que no conocemos la pena y la compasión; ignoran que nosotros no dormimos, que siempre vigilamos, que nada se nos escapa.
Míralos correr, algunos ya llegaron a sus casas y abrazaron a sus madres, otros se fueron a dormir sin cenar. Piensan que todo ya pasó.
¡Ellos tuvieron la culpa! yo nunca pensé regresar de nuevo, pero ellos así lo quisieron, ellos me llamaron por mi nombre, abrieron la puerta y no la cerraron a tiempo.
Poco tiempo les queda. No tienen un lugar de refugio. Sus casas se convertirán en cavernas desconocidas, en pesadillas sin fin.
Les conozco muy bien, sé dónde viven, dónde duermen, lo que temen y, sobre todo, lo que aman.
Ya es hora de comenzar, ahora me toca jugar a mí.
Ya nadie estará a salvo, ya nada será como antes. Mañana no habrá luz.»

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43.- «Gul.»

por Víctor Oscar Maldonado

«─Es perfecta, pero no está a tu altura ─concluye, disconforme.
─En Halloween mandas tú… ─concede el hombre.
La ofrenda es una adolescente muy alta, casi tanto como la diablesa que le estruja el cuello.
El ser troncha las piernas de la víctima indefensa valiéndose de una garra poderosa; luego, compara los restos ensangrentados con su benefactor.
─¡Ahora sí está a tu misma altura!
El vigilante del cementerio, complacido, recibe su paga en oro.
─Y para la próxima, búscate una de tu tamaño… ¡La carestía es mucha, y me da pena desperdiciar la comida!»

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44.- «Asesina en la sombra»

por MARINA

«Todavía me ponía nerviosa cuando veía luces azules y temblaba cuando un coche de policía pasaba a mi lado. Luego me tranquilizaba, había cometido el crimen perfecto y simplemente era otra ciudadana más buscando una nueva víctima.»

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45.- «Burbujas negras»

por Mgalarce (mag)

«Conoces las burbujas negras? Aquellas son un lugar intermedio entre este plano y otra dimensión. Ambos mundos se fusionan para encontrar una coherencia, parece ser una copia del mundo humano pero en él se aprende el lenguaje de los seres multidimensionales. Todo se ve igual, pero no todo es lo que parece, las cosas pueden ser una metáfora extraña y peligrosa, o no.
Ten cuidado con las puertas rojas, y trata de despertar lo antes posible por más interesante que te parezca. Pues, puede que ‘alguien’ quiera robar tu cuerpo y despiertes mirándolo irse, fuera de él…»

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46.- «El secuestro»

por Hermes

«Las heladas gotas que se colaban a través del resquebrajado techo de madera se estrellaban en la frente de Betty. La niña yacía entre el barro y las heces de las vacas que dormían a esas horas de la madrugada.

Afuera la lluvia arreciaba con ráfagas de viento que aullaba al atravesar las copas de los pinos que poblaban la granja que vio nacer 4 años atrás a la pequeña.

Junto al cuerpo de Betty, en un charco de sangre estaba su osito de peluche, la sangre manaba de la entrepierna de la nenita…»

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47.- «Problemas de visión»

por De Pluribus Mirabilia

«Hace días que me molestan los ojos. Veo lucecitas y me duele la cabeza si trato de fijar la vista.

Me recomendaron que fuera al médico. Él me dijo que no me pasaba nada, pero esas manchas se están convirtiendo en sombras que danzan y se escurren en el límite de mi visión, y en ocasiones me pitan los oídos.

Al final he ido al oftalmólogo. Dice que sólo necesito gafas, que no me preocupe.

Pero esta noche, antes de acostarme, vi como una de esas sombras me hacía gestos desde los pies de la cama. Me llamaba por mi nombre.»

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48.- «La trastienda.»

por Fernando Viera

«La caja registradora no paraba de hacer música. Hacia las ocho, poco antes de cerrar, entró Claudia.
Marco cerró la puerta tras ella y se dispuso a atender su petición.
-¿Entre diez y catorce?, Por supuesto doña Claudia, siempre tengo lo que necesita. Al chico lo encontré ayer liándose un canuto, pero está limpio.
Doña Claudia se desnudó dejando ver su carne putrefacta, la negrura de algunas zonas de su cuerpo supuraba un liquido viscoso y un hedor nauseabundo invadió la habitación.
El chico reconoció la muerte mientras gritaba y doña Claudia engullía sus extremidades.
El corazón dejó de latir y Claudia recuperó su catorce.»

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49.- «Yo es un hombre muerto.»

por Insanity (@palabrasdebidas)

«Dos imágenes, dos figuras, dos respiraciones desacompasadas, dos pistolas, dos miradas observándose de frente. Uno soy yo. El otro también soy yo. Estoy luchando a vida o muerte contra mí mismo. No puedo aplazarlo. Aprieto el gatillo y el espejo se salpica de sangre. Dos imágenes, dos figuras, dos respiraciones vacías, dos pistolas en el suelo, dos miradas perdidas. Yo es un hombre muerto.»

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50.- «Secretos de amor»

por Juan Nadie

«Sin acabar de soltar las telarañas del sueño, el hombre entreabrió un ojo en la difusa oscuridad del dormitorio. Vio la espalda y las nalgas de la mujer, inclinada sobre el borde de la cama.
—Aún no te lo puedes comer, cariño —susurró la mujer.
Un gruñido de impaciencia y satisfacción respondió desde el rincón opaco junto a la mesilla de noche. El hombre se arrebujó bajo el cobertor y apretó los párpados.
—Duerme, cariño. Ya falta poco —dijo la mujer.
El hombre no supo si ella se refería a él o no, pero deseó y temió ambas cosas.»

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51.- «Canto gregoriano»

por Luisa Vázquez

«Entro en el laboratorio como cada noche. Estoy sola en todo el edificio pero hace tiempo que perdí el miedo a pesar de algunas experiencias inquietantes y la leyenda urbana que corre por la empresa sobre el espectro del monje. De repente tengo la sensación de que algo ha pasado rozándome la espalda. Esta vez es mucho más real. Giro bruscamente y veo esa sombra intangible que viene hacia mí.
Silencio. ¿Que ha pasado?. Hay algo que me traba. Ropa. ¡Estoy dentro del hábito del monje! Siento terror. Oigo una voz en mi cabeza ‘A partir de ahora tú serás yo’»

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52.- «Ella»

por Octubre

«Una réplica de mí misma que cada noche sale de mis entrañas para ser un parásito del sueño. Con la mirada vacía y movimientos espasmódicos, se relame al verme dormida y sonríe sin sonreír. Se desliza sobre mi cuerpo olisqueando cada centímetro de mi piel y restriega su cara con la mía de un modo imperceptible. Me abraza tan fuerte que a veces me cuesta respirar, hace que mi temperatura oscile en los extremos y así se alimenta de mi descanso mientras deshecha en mi mente todo aquello que se convertirá en pesadillas.»

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53.- «Color Sangre»

por Cazadora de sombras

«No sabía el tiempo que llevaba encerrada aquí,pero debía de ser bastante porque había olvidado la cálida sensación de los rayos del sol acariciando la piel de mi rostro.
Noté algo peludo rozando mis pies descalzos.Se trataba de una rata que solía salir de su escondite para buscar comida.
Gemí de dolor cuando sus dientes se enterraron en mi carne. Tenía los pies tan llenos de heridas que la sangre los había teñido de rojo .
Escuché unos pasos y después un plato con un puré podrido asomó por la rejilla.
Dentro parecía flotar un dedo humano.
No podía ser eso…¿verdad?»

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54.- «El paseo de Oliver a su muerte»

por El misterio de la muerte

«Oliver condujo sin parar, con la esperanza de encontrar algún taller mecánico o cuando menos toparse con alguna persona con quien platicar y pasar la noche. Con la neblina a tope y con la visión entorpecida logró ver un un destello intenso, viró el auto a la izquierda para seguir aquel destello y se iba internando en un tétrico panorama.

Era un destello que se iba desapareciendo, al llegar noto que era un cementerio, y la luz provenía de una lápida que decía su nombre Oliver Queen. La muerte le dio un paseo por la oscuridad de los misterios.»

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55.- «La pareja»

por Meristerio

«Al entrar a la cocina y notar el olor a ajo algo removió mis entrañas. Ahora tendría que resistir las ganas de vomitar y a la necesidad de paladear la sangre escarlata de Emma.
Durante la tensa comida ella no apartó sus negras pupilas de mí.
Resiste…
Resiste…
Entonces ella se levantó, se acercó por detrás y me besó el cuello.
Su olor me estremecía. La devolví el beso, y sin poder controlar mi naturaleza más oscura, hundí mis colmillos es su cuello. Ella me miró, se rió y dijo: ‘Estas son las desventajas de vivir con un vampiro.’»

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56.- «Identidad»

por Rêvé

«No soy escéptico, pero sin duda, no creo en lo desconocido; lo que haya detrás de mi puerta, lo que sea que esté repicando tras de ella, debe ser producto de mi consciencia o imaginación. No atiende a la espera; pregunto quién es y lo peor es que contesta. Ha aprendido a hablar: «Soy yo». No habría problema si la voz no me fuera conocida. «Soy yo» no es su respuesta, sino la mía. Soy yo quien toca tras mi puerta. Abro y sé que uno de los dos tendrá que irse. El problema es de qué manera.»

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57.- «Diez minutos de madera.»

por Netbookk

«Despierto con la boca seca, sin saber dónde estoy, pero antes de abrir los ojos quiero fijar los recuerdos del sueño que acabo de tener. Dicen que esas sensaciones sólo duran diez minutos después de despertar y quiero evocarlas por su intensidad. Nunca sé cuándo voy a usarlas en un cuento.

Claustrofobia, falta de aire, garganta seca, olor a cerrado, a humedad, sudores fríos… me siento agotado al rememorarlo. Creo que ya es suficiente – pienso – y abro los ojos.

Pero veo que sigo a oscuras y, al levantarme, mi cabeza ha chocado bruscamente con algo que suena a madera…

Nooooooo!»

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58.- «SOLUCIÓN»

por Olga

«Cansada de no contar su historia y solo responder a preguntas ajenas, se tragó a la vieja. Desde ese día, la única respuesta que da la ouija es ‘auxilio’.»

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59.- «La sombra y la oscuridad.»

por Fran Moreno

«Y con el sonido de sus pasos más me adentraba en la oscuridad del armario y cuando de repente estaba en el limbo del miedo se convirtió en una eternidad, esa sombra sabía que yo estaba allí y quería perpetuarme en sus más profundos miedos.»

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60.- «Paralizado»

por Sofía Escobar

«Aburrido de las tareas, Ramiro se escapó de la granja y corrió a explorar. Ya se había alejado bastante cuando encontró una laguna, rodeada de casas con grandes ventanales y un bote abandonado. Intrigado por la escena, se subió al pequeño bote y empezó a remar hasta que llegó a la orilla opuesta y se detuvo a observar. Justo dio el primer paso cuando una punzada de dolor en el pie lo tiró al suelo… algo huyó sigilosamente por el matorral. Paralizado, confuso, no se podía levantar, mientras observaba cómo el bote por sí solo regresaba a su lugar.»

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61.- «Ella.»

por Diego Galván Albín

«Lluvia, viento, frío, oscuridad, blancas cortinas.
Mira sin parpadear como a los pies de la cama la vieja mecedora, impulsada por el aire que ingresa por una ventana mal cerrada, se mece.
Ansiedad, pupilas dilatadas, manos temblorosas y alma afligida.
Tac!!! rompió el silencio la aguja del reloj de pared cuando marcó las 3:33 horas de la madrugada.
Tac!!! fue el sonido de su corazón cuando la silla dejó de moverse y apareció ella, una joven de armoniosa vestimenta y desfigurado rostro.
Se observan, repitiendo el nocturno y habitual ritual, él a punto de morirse, ella tan lejos de la vida.»

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62.- «Miedo»

por Socjo

«Miedo a lo desconocido, miedo al hambre, al frío, a la soledad. Miedo a no saber, a no conocer, a no ser capaz. Miedo a decir y a no decir, miedo a sentir y a no sentir. Miedo de lo que pasó, de lo que pasa y de lo que pueda pasar. Miedo a perder, a encontrar, miedo por los demás. Miedo a envejecer, a olvidar, a no recordar. Una vida con miedo que teme morir. Aunque la muerte termine siendo el único momento de felicidad. Irónicamente, el único momento sin miedo no sabe que todo volverá a empezar.»

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63.- «Mírame»

por raqueluck

«Se conocieron en el tren, amor a primera vista.
Obsesión, sueño, pesadilla.

Supo que quería esa mirada por encima de todo.

Ella se dejó regalar los oídos,
se perdió en alcohol en aquella primera cita.

Después del vino, sangre.
Después de los besos, sangre.
Después del sexo, sangre.

Ella ya no ve,
ella ya no está.

Hay sangre.

Él tranquilo, sintiéndose observado cada día y sobretodo,
cada noche,
por esos ojos bañados en formol,
por esos ojos flotando dentro del cristal.

Sigue buscando miradas que conquistar,
sigue buscando miradas que arrancar.
Sigue buscando y sabe dónde estás.»

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64.- «Déjame»

por Carolina Rey de Alba

«Todas las noches la misma pesadilla.
Tengo su cara grabada en mi mente.
Fue un despiste aquel atropello,
no tenía más remedio que enterrarla.
Aún estaba viva.

Oigo ruidos. Escucho unos pasos.

-No te gires, no grites. Ahora, sufre-
Me está diciendo.»

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65.- «El paseante»

por La Cueva de los Duendes

«La puerta del baño está inclinada, pero en ocasiones se cierra cuando menos esperas, como si tuviere voluntad propia.
Aquella noche me encontraba sentado con la cabeza baja mientras se pasaba el mareo y en el hueco de la puerta entrecerrada vi, la pernera de un pantalón. Era algo físico, pues la luz reflejada en el espejo no lo atravesaba. Curiosamente no vi el pie, porque no lo había.
El terror me hizo dar un manotazo a la puerta que se cerró de golpe.
Luego, temiendo por mi familia, fui encendiendo las luces de toda la casa buscando al intruso enlutado.»

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66.- «EL coro»

por Omar Martínez

«Reconoció el olor en unas gotas de sangre viscosa… ¡era de él! Había cortado su cuello hacía apenas unas horas.
(¡Pero si lo dejé tirado, sin respirar, en un charco rojo!), pensó caminando por un sendero oscuro y muy raro.
El guillotinado, agarrando su cabeza, le saltó delante; después saltó uno con más de veinte agujeros de bala, otro todo quemado, y otros más.
Lo rodearon más de treinta, algunos ya eran puro hueso, carcomidos y grises.
Ellos reían lanzándole dinero podrido a la cara, la cantidad cobrada por asesinarlos.
— ¡Bienvenido!
Un gutural coro lo recibía en el Averno.»

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67.- «Dulce o truco»

por Mabby

«Se acerca Halloween, él también.
Como cada año saldrá de su reposo, para caminar por las calles de algún lugar y al sonar del Dulce o truco, puede que elija tu pase a la misma muerte.
Toca el timbre. Miras por la ventana. Un niño con un disfraz algo tenebroso y una canasta en su mano espera por ti.
Se entumecen tus piernas, se empalidece tu rostro pero tus manos abren la puerta.
Sus ojos te miran fijamente, de su boca cae sangre y de sus pequeñas manos deja caer el corazón de su presa.
¿Serás el próximo?»

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68.- «¿Dónde están?»

por Vanesalennon

«Desperté, era más de medianoche. Apenas se oía nada en la habitación contigua, donde dormían los nenes. Me levanté para entrar en su cuarto, pero no estaban allí, ni sus juguetes. Presa del pánico telefoneé a la policía. Tardaban en llegar, yo los buscaba por toda esa inmensa casa de aldea. Cuando llegaron vi sus caras, algunas eran de hastío. Sr lennon, ¿otra vez así? Sus hijos, por desgracia, llevan 10 años muertos. Todos los aniversarios repite la misma acción. Intente tranquilizarse, nos vamos. Y así me dejaron, presa del miedo y del dolor, ayer yo los eché»

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69.- «El cuarto de la tía»

por Montag74

«Visitar a su tía nunca era divertido, pero confinada a una silla de ruedas su Vida dependía de él. La lluvia no paraba y la noche hacía que todo luciera más distante.
Tocó a la puerta pero la enfermera no contestó. Abrió la puerta para encontrar el paso de un tornado en lo que fuera la habitación de la anciana. Por el rabillo del ojo pudo ver algo moverse bajo la cama, pero sin luz era imposible identificar esa figura al final del cuarto que seguía aproximándose sin que él lo notara.
Cuando se dió cuenta, era demasiado tarde…»

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70.- «EL PLACER MULTIPLICADOR DE LOS OJOS»

por xokotonto

«En el club “Delicatessen” buscamos experiencias gastronómicas. Hoy Miguel, nuestro anfitrión, ha dispuesto un menú espectacular. Sobre la mesa yace desnuda una mujer de piel suave, cubierta de delicias culinarias. Nuestras glándulas salivares se excitan y otras partes del cuerpo también.
Nos posicionamos. Hugo, próximo a la entrepierna. Miguel quiere chupetear los dedos de los pies. Marcelo observa los senos cubiertos de miel. Felipe, cerca del rostro y yo con él.
Felipe me mira asombrado al abrir los párpados de la joven. Hoy he sido más rápido. Le muestro entre mis dientes como saboreo los ojos de nuestra bella»

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71.- «PERFECCIONISTA»

por Pilar Alejos

«Este año ha preparado su disfraz de Halloween con mucha antelación. No puede dejar que, de nuevo, se le escape el primer premio del concurso. Ha seleccionado con cuidado cada una de las piezas que lo componen. Lo ha confeccionado con delicadeza y ha extremado las condiciones para su perfecta conservación. Sobre el maniquí comprueba que no existen imperfecciones. Orgulloso de su obra se lo prueba frente al espejo. Le queda como un guante. Solo le falta un complemento, pero lo tiene localizado. Esta noche esperará que esa melena rubia que necesita salga de casa. Con ella rematará el trabajo.»

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72.- «Visitas inesperadas»

por S. Syeiduco

«Estás tumbado, sientes que no puedes moverte porque alguien te sujeta de los brazos y se pone encima de ti.

Quieres hablarle, pero emites ningún sonido cuando abres la boca.

Intentas decirle algo con tus pensamientos, quizás pueda leer lo que intentas decirle… pero es una mala idea.

En cuanto lee tu mente tiene el control total sobre tu cuerpo.

Lo sé porque tuve el placer de entrar en él para advertirte que no lo intentes, si es que paso a visitarte esta noche.

¿Te atreves a que habite dentro de ti?»

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73.- «LA VISITA»

por JUAN SALVADOR PIÑERO RUIZ

«Hoy nos hemos vuelto a encontrar. Fue algo inesperado debido a lo avanzado de la hora. El hermético y enigmático silencio en la casa desierta y desolada…

«Sus ojos miraban sin ver y las cicatrices de su rostro revelaban una lucha infernal contra esa transformación que venía sufriendo cada noche de plenilunio».

Lo mejor era obviarlo. Ignorar su aspecto temible y, sobre todo, lo que jamás volveré a hacer es… ¡mirarme en un espejo!»

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74.- «Adelante»

por __ABAA__

«Katie conducía su coche por un camino que no le era familiar y comenzó a ponerse nerviosa. A lo lejos vislumbró una casa y decidió acercarse.
Al llegar llamó al timbre y una voz contestó:
“Adelante”.
Se introdujo preguntando si le podían indicar el camino de vuelta.
Cuando quiso salir todo empezó a sumergirse en un agujero que engullía cuanto había a su alrededor.
Corrió, pero la puerta se alejaba más y más.
Cuando cogió el pomo, el agujero llegó a sus pies y la absorbió. La oscuridad la engullía rápidamente.
Entonces, sobresaltada, despertó en su coche.»

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75.- «RUTINA»

por Dorismel

«Cuando pretendió salir de la cama, metió los pies en un pequeño charco de sangre, pero no dijo nada, indagó en los alrededores y los levantó con tranquilidad, los sacudió y abandonó la habitación. En la sala, sus dos vástagos gemelos jugaban voleibol con la cabeza del cadáver.
Dejen de jugar en el cuarto mientras estoy durmiendo. Les exigió, luego buscó en la nevera el resto del cuerpo y… Sonó la alarma de la radio. Al levantarse de la cama, metió los pies en un charco de sangre, sonrió, había empezado bien el día.»

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76.- «El pueblo tenebroso de Neville»

por Angie Melisa Herrera Hnandez

«en un pueblo muy lejano llamado Neville dicen que es un pueblo con muchos fantasmas y almas en pena, no podemos olvidar que el pueblo fantasma de Neville Ocurren cosas extrañas como la aparición de extraterrestres, y que las piedras rojizas dan poderes sobrenaturales a los seres humanos, Aparecían “alienígenas”., dicen que los profesores a veces son lagartos o sea extraterrestres y que le gusta siempre que el alumno le de una manzana al profesor pues él era de otro mundo,la bruja hizo una maldición al pueblo de Neville quería la inmortalidad para quedarse sus almas.»

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77.- «Entre mi cielo y aquel infierno (fragmento)»

por Alec Medina

«Era una noche preferiblemente para disfrutar pero no, solía ir con mi novia, viajando cuando hubo un accidente. Desde entonces las cosas se volvieron un desastre. Ya no me encontraba con mi novia, ahora estaba en un lugar, con poca visibilidad de rodillas, atado de las manos junto a otras personas, mientras el tipo frente a nosotros (el cual no podía ver su rostro) se acercó a una de las personas y saco su corazón del pecho de uno, murió, luego iba por mí y… desperté junto a mi novia y el accidente aún estaba presente, yo aún vivía…»

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78.- «Sabor te extraño»

por Vanessa Padmir

«Pudo ser doloroso, imagina: presenciar el banquete, un festín de colores y aromas, de texturas y memorias, todo en una explosión de mis mejores recuerdos.

Pudo ser doloroso, mas no fue dolor. La gratitud de haber vivido esa experiencia infinidad de veces fue un bálsamo bendito ante la extrañeza de estar muerto.
Hoy comparto silenciosamente la mesa con mis amados. Ellos no lo saben, quizás tampoco lo sabrán, mientras tratan sin éxito de dar explicaciones lógicas a mi ausencia, yo me fundo en los sabores que nunca degustaré, por el simple placer de seguir siendo parte de su amor.»

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79.- «El ruido de la noche.»

por mariaelizxdd

«Había llegado casi media noche y aquel grupo de amigos seguía reunido en el cementerio, pasaron un par de minutos cuando empezaron a oír un ruido, sintieron que su mente les estaba jugando una broma pero el ruido fue constante y se sentía cada vez más cerca, fue entonces cuando entendieron que algo andaba mal y que debían salir de ahí, se levantaron de donde se encontraban y se dirigieron a la salida, fue entonces cuando en frente de ellos apareció una bestia enorme con dientes enormes y dispuesta a devorarlos, trataron de huir pero los atrapó y devoró lentamente.»

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80.- «Mirada perdida»

por Barbara Mur

«Respiración agitada. Pensamientos se atropellan en su mente, haciéndole perder un tiempo valioso para escapar… ¿De qué?
El terror le ha paralizado ahora que, lo que le había acechado le ha dado alcance. Desde algún lugar de la habitación, siente como le roba la energía, como se alimenta de él, y nada puede hacer para evitarlo, para luchar por su vida, que se seca en sus venas como se secan las hojas en otoño y, al igual que éstas, cayó al suelo, sin vida, reflejando su mirada perdida la incredulidad del que no sabe cómo ni por qué se fue…»

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81.- «Los vecinos»

por CuentosdeEsperanza

«Era un pueblo abandonado, que regalaba la casa y tierra al que viniera a vivir. Con la crisis, habían visto una oportunidad y se habían mudado. Aún no habían recibido sus escrituras, las estaba tramitando el alcalde.

Llegó la fiesta de Halloween, acudieron invitados al Bar del Pueblo, el vino abundaba gratis, los siete habitantes del pueblo brindaban juntos.

Cuando Rosa despertó, lo hizo en una jaula, al lado de su marido, dentro de un pentágono dibujado con sangre, mientras cinco figuras vestidas con túnicas oscuras invocaban al Señor Oscuro…»

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82.- «Amor»

por CH-H2O

«—¡Tápate mamá! Cogerás frío— Frenó la silla de ruedas y levantó la manta a cuadros hasta cubrirle el regazo.
Acto seguido continuaron su habitual visita por aquel bosque solitario.
De vez en cuando se atascaba una de las ruedas y era necesario un empujoncito para poder continuar.
—¡Ahora que me doy cuenta! Hay que hablar ya mismo con la peluquera. Te hace falta un corte de pelo y la manicura es urgente.
En un instante llegaron a un prado verde cubierto de cruces y comentó:
—Lo que me costó dar contigo, pero seguro que ha valido la pena. ¿No mamá?»

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83.- «Promesa»

por Estrella

«Miro el reloj, es medianoche, ya debería estar aquí. Lo dejé en su casa hace horas, prometió que cuando terminara volvería por mí. No debí creerle, siempre miente. Suspiro y salgo corriendo de casa. Estoy segura de haberlo hecho bien, pero debo asegurarme. Su puerta sigue abierta, voy a su habitación, sólo la luz del baño sigue encendida, y ahí está él. No se ha movido, sólo el charco de sangre que mana de su cuello ha crecido. Toco sus manos frías, sin pulso, ¿por qué no ha ido a verme?, ¿será que en verdad la muerte es el final?»

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84.- «Demonio»

por Lorenamm

«Estoy corriendo por el pasillo del miedo, con un aliento fúnebre hablandome al oido.
No comprendo su idioma, pero si la maldad de sus palabras.
Estoy cansada.
Paro de correr y me giro.
No hay nadie.
Vuelvo a mirar hacia delante
Dos ojos rojos me observan desafiantes mientras una mano mugrosa se acerca hacia mi.
No puedo moverme y consigue taparme la boca mientras me sujeta.
Sus últimas palabras resonaron en mi cabeza hasta el final: hasta siempre.»

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85.- «Melodía»

por Juan Villegas

«Julio vio al espectro de su padre tocando la pianola en esa vieja habitación. La alucinación se deshizo cuando su mujer lo llamó desde el primer piso para que sintiera las patadas de su primogénito.

Esa misma noche, comenzó el concierto fantasmal de su padre. Pero solo Julio pudo escuchar esa bella melodía. Al pasar los meses, llegó a obsesionarse con esa magistral secuencia; con las notas, el ritmo, y los tonos que se ejecutaban armoniosamente. Estaba tan concentrado en ese deleite auditivo, que no escuchó a su mujer fallecer con su hijo atascado en su vientre.»

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86.- «La reminiscencia de la bruja»

por Albert Gamundi Sr.

«Page descansaba en las almenas de un castillo destrozado. Había rociado todas las gárgolas con una solución mágica, haciendo que cobraran vida y alzaran el vuelo. Lucían alas de murciélago, sus garras de león y sus cuernos de cabra. – Abrid el camino a los espíritus-. Ordenó con voz severa.

Las reanimadas criaturas batieron sus alas hasta el pueblo, donde apagaron las llamas de las velas rituales y rasgaron los trajes que ahuyentaban a las difuntas almas. – Corrompisteis la festividad en nombre de Cristo. – Feliz noche de tormentos oníricos, cristianos-. Murmuró antes de devorar a un murciélago.»

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87.- «Dulces sueños»

por Lidia Lopera Martínez

«Me desperté de golpe al sentir que algo no iba bien. Se respiraba una calma tensa y oxidada. Entré a la habitación de mi hermano, pero estaba vacía. Fui a avisar a mis padres de que algo ocurría. Les toqué. Les grité, pero no se movían. De repente, sentí su respiración en mi nuca, acercándose y diciéndome que yo tenía la culpa. La sirena de la policía me sacó del trance en el que estaba, y mi pijama manchado de sangre, me devolvió a la realidad. Mi bipolaridad nunca fue buena, o eso dicen las voces de mi cabeza.»

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88.- «Eco»

por Charlotte Usher

«La luz se apagó y las voces empezaron a gritar dentro de mi cabeza. Yo me tapé los oídos dejando solo un débil eco retumbando en mi cabeza. Poco a poco, el eco se desvaneció, poco a poco, mi cuerpo cayó, poco a poco, la muerte se acercó y dijo: te avisé pero no quisiste escuchar.»

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89.- «Desvelo»

por Snoolucy

«No tengo sueño, no puedo dormir, mi mente no descansa… A veces doy vueltas en mi cama tratando de encontrar la paz que necesito, quiero descansar, quiero entregarme al sueño profundo, pero sigo despierta, nada me tranquiliza, solo quiero dormir en paz, pero… Mi cama está manchada, creo que es sangre, no recuerdo bien… ¡Oh! ¡No! Había alguien en mi habitación, quiero recordar, pero no puedo, necesito dormir, pero no hasta que sepa qué pasó con mi cuerpo…»

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90.- «Suspiro»

por Laura Pérez

«La chica empezó a toser presa del pánico. Sus manos formaron puños que se lanzaron con violencia hacia su pecho. Su cuerpo parecía convulsionar, pero era sólo un síntoma del miedo. Saltó, escupió, se tiró al suelo, se metió los dedos en la boca… Nada. La cabeza le daba vueltas, el cerebro parecía perder sus conexiones. Un cuchillo. Desesperación. Cinco puñaladas. Vacío.
El cuerpo cae al suelo cubriendo la cocina de sangre. La boca de la chica se abre en un último suspiro. Una mosca sale de ella victoriosa. La muerte de sus hermanos por fin había sido vengada.»

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91.- «Pretencioso»

por alejandromr

«Fue su error rescatar lo poco que le quedaba de vida con un juego de cartas. Lo supo en cuanto vio crecer frente a él la mancha de sangre (su sangre) mientras iba muriendo de a poco.
Alcanzó a ver una luz mientras perdía el conocimiento, pero abandonó toda esperanza al darse cuenta que era el brillo de los ojos de quien lo tenía aprisionado.
No se podía esperar ganarle a La Muerte en su propio juego.
Inmutable, aburrida, La Muerte alzó lentamente la mano y me señaló exclamando: Sigues tú…»

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92.- «Maquillaje Mortal»

por Mireya Jimena Ruiz

«Un espejo me devuelve el reflejo de mi niñez, el recuerdo marchito de mis ganas de ser mayor. De niña siempre había querido maquillarme y parecer una de esas modelos de televisión. Me hubiera gustado detener el tiempo. Ahora es tarde, en la morgue preparan mi rostro para la eterna despedida.»

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93.- «Desde el closet»

por José Luis Moronta

«Acostada en la cama, abraza la almohada y se sumerge en un profundo sueño. Desde la puerta del clóset, oculto entre las ropas que en su interior cuelgan, unos ojos temerosos observan a la terrible criatura que, dormida, sueña con devorarlo.»

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94.- «La Mancha»

por @NJLxx

«Estaba allí, atento a mis miedos. La esquina de la casona que me propuse evitar todo el invierno. Sabía que eso en el techo no era una simple mancha de humedad. La Mancha mató a todos. Y estoy aquí, con mis manos llenas de sangre. Fue la maldita Mancha y sus trampas. He caído.»

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95.- «Una niña dulce»

por UGGLA HORROWITZ

«La bolsa ya estaba llena, había recibido suficientes dulces, chocolates y golosinas. El fruto de varias horas de caminata era: un buen puñado de provisiones altamente calóricas.

Tenía que encontrar el hospital, caminó algunas calles sin rumbo fijo, cuando por fin vio la vieja fachada de aquel derruido edificio, que ahora era su casa. Las provisiones para este invierno serían suficientes, pero no sabía que pasaría al llegar la primavera.

Lo malo de morir por un coma diabético eran los efectos secundarios: aquella niña era ahora un fantasma ansioso, que pasaba la noche de brujas, buscando un poco de calma.»

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96.- «THE END»

por Vilma Vil

«Desde que vivo sola me gusta cuando Calcetines pasea por mi almohada, rozándome la coronilla con sus patitas suaves. Aunque, en realidad, lo que quiere es que abandone ya ese hueco cálido que he ocupado durante el sueño, para hacerlo suyo. Otras veces se duerme en mis piernas, sobre la colcha, y permanezco inmóvil hasta que me dan calambres. Hoy ha ocupado todo el espacio: su cabeza tiñe mi almohada y el resto de su cuerpo está esparcido por la cama. Su pelito negro tapiza, absurdo, la colcha.
Oigo un ruido, pero no hacía falta. Ya sé que me ha encontrado.»

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97.- «El cuchillo en su cara»

por @javierlg1986

«Clavé el cuchillo en su cara. Con aquella mirada sin ojos se veía más guapa.

Tres tajos precisos, ni uno más, para arrancar la carne blanda de raíz y romper con firmeza un tacto duro de cartílago. Cambiar la nariz en triángulo vacío.

Abrir en canal la comisura, agrandar la hermosura en su sonrisa. De oreja a oreja.

Sacar con la cuchara su esencia. Todo, sin dejar nada. Y encender dentro la llama para proyectar su faz en rojo en mi ventana.

Es tan bella… que ya no sé distinguir si es cabeza o calabaza.»

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98.- «El mayor terror.»

por TheBob_Dealer

«Despertó en una cama que no conocía y eso le asustó. Contempló en un espejo de la habitación que su cuerpo era anciano y ajado. Caminó por un oscuro pasillo apoyado en la pared para no caer. Sus pasos le llevaron a una amplia habitación llena de polvo, a tientas por la oscuridad llegó a la ventana donde apartó una pesada cortina para dejar entrar a la luz.Observó una fotografía en una estantería cercana y su sorpresa llegó al reconocer una versión joven del rostro que había visto en el espejo, el terror aconteció cuando no recordó nada más.»

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99.- «Ojos de rubí»

por Emmas

«En las ventas de cochera encontré un dije de oro blanco, la cabeza de una cabra con ojos de rubí. Los rubíes me atrajeron pero algo tenía aquella figura que me sobresaltaba.
Aquella noche tuve de pronto miedo como nunca lo había tenido, sentía que me observaban y mucho más de noche. Llamé a mi prima historiadora quien me explicó al verlo que en el pasado la cabeza de un macho cabrío como ésa representaba al ¡diablo! No hablé más, lo envolví en papel y lo tiré a la basura. No volví a tener miedo pero ojalá ¡nadie lo encuentre!»

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100.- «Frialdad»

por Silvio

«Había una vez una joven huérfana que escribía cuentos de horror. Cabezas, troncos y extremidades rodaban con abundancia por el despeñadero de unas historias cuyas tramas parecían entreverarse como si se tratara de una misma historia desarticulada. Sus padres, cuidadosamente guardados en la refrigeradora, eran su mayor inspiración.»

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101.- «¿Estoy despierto?»

por Sookeeper

«Corro pero mis piernas se hacen lentas en aquella calle gris y angosta, la desesperación solo acelera mi corazón, están a punto de alcanzarme. Me despierto angustiado, por suerte fue otra pesadilla, no entiendo porque mi cuerpo tiembla mientras lágrimas caen sobre las sabanas, quiero tocarlas, ahí mis dedos se tropiezan con algo viscoso. En la oscuridad de la noche busco el interruptor, enciendo la luz, allí está el gran espejo, con terror observo que algo cuelga del rostro, veo mi ojo tomado por mi mano. Aquel grito de terror me levantó de nuevo de la cama.»

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102.- «Mi sombra»

por Ronald Contreras

«En medio de la noche la vi asomarse a la ventana y desaparecer rápidamente, al mismo tiempo que unos gritos desgarradores sonaron a mi espalda. Y a mi derecha una sombra que me miraba con un macabro rostro y me paralizaba sin poder hacer nada más que sentir miedo. Se acercaba cada vez más a mí. Extendió su mano. Sus ojos eran de un rojo brillante, era lo que más resultaba en esa oscura y fría noche de noviembre…»

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103.- «Pesadilla real»

por Lluvia

«Corrí en pijamas alejándome de lo que me perseguía, ¿qué era? No tenía idea… Pero sentía un escalofrío y una respiración a mis espaldas. Volteaba y no veía nada. ¿Acaso me estaba volviendo loca? ¿Acaso era una pesadilla? Abrí los ojos de repente. Estaba en mi cama, sudor recorría mi frente. Sentí esa sensación nuevamente. Corrí en pijamas alejándome de lo que me perseguía…»

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104.- «Los espejos»

por Marris

«Se quedó solo pero en la oscuridad de la habitación adivinó unos ojos, vio el reflejo rojo del reloj digital en ellos. Se acercaban a él y comenzó a oír el susurro del otro lado… Cada vez más cerca, cada vez más frío… El susurro tornó en un aullido y los ojos se abalanzaron sobre él. Frío. Oscuridad. Alaridos. Más frío. Notaba que algo se ceñía sobre su cuello, helado. No podía respirar, más gritos. Hielo. Una luz al fondo, el otro lado. Silencio.»

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105.- «Caricias en la noche»

por RiFG

«Me despiertan sus pasos en el suelo de madera vieja, acercándose a mí, pero finjo dormir.
Aparta suavemente el pelo de mi cara. Me acaricia despacio, de la frente a la boca, pasando por la nariz. Sonrío.
Camina. Noto como se sienta sobre mis pies y abro los ojos.
Está justo al borde de la cama, sujetando la cabeza entre sus manos, sin duda sintiéndose culpable.
Empujo un poco con el pie y le digo: “Carlos, venga, va, vuelve a la cama; ya mañana hablamos”.
Carlos se gira entonces a mi lado:
– Pero Sofía, cariño, ¿con quién hablas?»

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106.- «Un cuento para dormir»

por CarlosASevilla

«Convencidos de que había muy poco que la ciencia pudiese hacer y aún menos explicar en estos casos, entraron al consultorio, resignados. La madre de Alina les había insistido, así que fueron más que nada por complacerla. ‘La terapia de pareja salvó mi matrimonio’, les instaba.

Impaciente, Luis fue directo al grano:
—La niña se nos mete en el cuarto y nos pide que le contemos un cuento para dormir.
Con el aplomo de años de oficio, la doctora replicó:
—Eso es perfectamente normal.
Entonces Alina diría la frase que la atormentaba cada noche:
—No es normal si no tenemos hijos.»

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107.- «La broma»

por elizeus58

«La casa está a oscuras. La vacilante luz de las velas dentro de una calabaza iluminan al joven que, con remordimiento en la voz dice:
—Hoy es Halloween, el día en que el Portal se abre. Sé que estás aquí. Ven; acércate. Demuéstrame que ya no estás enojada por la pesada broma que te hice y que te mandó al suicidio.
Un helado soplo apagó las velas.»

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108.- «Tu habitación»

por Qurdan

«Fue a los tres días de comenzar a sentirlo, aquellos ruidos extraños bajo mi cama o dentro de mi armario no cesaban. Justo al salir de la ducha a al encender la luz de mi habitación fue cuando sentí aquella mano fría sobre la mía, esa fue mi última noche en mi habitación y al día siguiente se hablaba de mí en las noticias como una persona desaparecida en extrañas circunstancias. No me busquéis en lagos, ni en montes, porque no estoy tan lejos…
Estoy en tu habitación.»

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109.- «Cuervos»

por R. Morales

«Cuervos, criaturas del mal. !Que iluso fuí al creerle hace tantos años¡ Aún recuerdo cuando vino a mí prometiéndome vida eterna. Lo seguí y ese ha sido mi más grande error. Ahora paso las noches solo con la luna, casi siempre en silencio y lo único que deseo es morir, aún sabiendo que nunca pasará. Ese cuervo me convirtió, hace tantos años, en un espantapájaros.»

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110.- «Tormenta»

por Sandra Somera

«Regresó tarde de la fiesta de Halloween. Esa noche se sentía inquieto. Le costó conciliar el sueño y a las pocas horas despertó sobresaltado por una pesadilla, en la que sonámbulo, caía desde el balcón. Se levantó para cerrar las puertas de la terraza por las que entraban el viento y la lluvia con fuerza. La tormenta había comenzado, y el portón de la entrada de la casa se sacudía. Bajó a colocar un tablón para fijarlo. Cuando regresaba, vio algo entre los arbustos: su cuerpo. Había caído desde el balcón.»

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111.- «La caza»

por Abraham

«Tarda poco en encontrar a otro. Por alguna razón, tienen tendencia a salir la noche del 31 de octubre; debería estudiar por qué, pero no ahora. Le sigue cautelosamente. Se le acerca. Consigue acorralarle en una calle desierta. Le clava la estaca en el pecho. Éste ni grita ni se defiende. Resulta extraño que su cuerpo no se convierta inmediatamente en polvo. Sin embargo, no puede perder el tiempo en reflexiones: la noche todavía no ha acabado y le quedan todavía veinte estacas en la mochila. Vislumbra a un par de vampiresas en la lejanía. Van Helsing reinicia la caza.»

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112.- «La vida siempre continúa»

por Montserrat Esterlich Serrano

«Hablan de un día terrorífico en el cual los vivos mueren por huir y los muertos vuelven para quedarse… Nadie dijo que existir fuera fácil…»

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113.- «El crimen invisible.»

por Robla

«Se sacó los ojos dejando un río de sangre y extendiendo sus manos, los dejó sobre él.
Había dos opciones: Dejarle marchar o acabar con su vida.
Prefirió no ver lo que estaba a punto de hacer.»

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114.- «Al otro lado de la muerte»

por @penseitor

«No sé dónde estoy. Hace rato que camino sin rumbo. Mi única compañía es un ensordecedor silencio roto por el golpeteo incesante de mis latidos sobre mis sienes. Cada vez más intensos. Cada vez más desacompasados. Tengo miedo. Veo un charco. Siento sed y me acerco. Sobre su cristalina superficie veo mi reflejo. No me reconozco. Mientras intento beber, una palabra me hiela por dentro. Han dicho mi nombre y la hora. Mi agonía ha terminado. Ya pueden descolgarme de la soga con que han ejecutado mi sentencia de muerte. Oficialmente estoy muerto. Pero yo… pienso volver a por ellos.»

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115.- «Derecho de visitas»

por Ana Carolina Pereira

«Pálida, vestida de negro, con una cicatriz profunda en el pómulo izquierdo mal disimulada con maquillaje. La veía siempre en la estación del autobús, a la salida de la prisión en un pueblo vecino, a donde iba a visitar a mi marido. Tomaba el mismo autobús que yo y se bajaba –supongo– después de mí. El último día de mis visitas logré sentarme junto a ella en el viaje de vuelta a casa. No aguanté la curiosidad y le pregunté si visitaba a alguien en la prisión.
“Sí, al hijo de perra que me mató”, fue su respuesta.»

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116.- «Olvidar el olvido.»

por Piink

«Abró los ojos mareada. No recordaba cómo había llegado a casa. Cuando se levantó se dio cuenta de que había un charco de sangre en el suelo. Eso la despertó del todo y al mirar para abajo se dió cuenta de que no tenía mano. Había un muñón en carne viva y el hueso sobresaliendo. Chilló expulsando todo el aire.
Volvía a estar tumbada en la cama jadeando. Su madre entró en la habitación. Cuando la miró se alertó de esta vez era ella quien tenía en la cuenca de los ojos vacía agujas atravesándolo los párpados. No era un sueño.»

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117.- «La parca»

por Dafs

«Aparece cuando cierro mi puerta, su rostro se asoma cuando las luces me dejan, es una visión solo para mi mirada. Las escasas luces que mis noches conservan, mueren en sus vacías cuencas. Hasta la luz de mi alma se pierde en sus ojos, insondables vorágines como negros hoyos. Sus brazos se deslizan con movimiento de alas, me observa malévola mientras danza. Se acerca, se aleja, susurra mi nombre, me baila entorno y me soslaya. Advierte que se acerca mi hora aciaga, sus manos me llevarán a la última morada. Hasta entonces Se acerca, se aleja, susurra mi nombre, y me soslaya.»

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118.- «Rimas macabras»

por alefreire_19

«Uno, dos tres, allá se ven.
¡Mira aquí y allá, lo que nos podemos encontrar!
Una calavera al ritmo del tambor va, danzando alrededor de la hoguera sin cesar.
Un par de esqueletos crujiendo sus articulaciones, agitándose con el sonido de sus propias canciones.
Una risa en la oscuridad, un fantasma danza un baile de cierta complejidad.
Aplausos en medio de aquella alegoría, ojos oscuros disfrutan de aquellas melodías.
La noche está por concluir, los no vivos regresan al haber acabado el festín.
Ocultos entre las sombras y algunos bajo sábanas, esperan que el sol se oculte para volver a salir.»

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