Javier Puchades - Desconsolada

Desconsolada

Empezó a llorar al desabrocharle el primer botón. Conforme mis dedos serpenteaban entre los ojales de su pijama, sus sollozos aumentaron. Parecía faltarle el aire. Cuando quedó desnuda, no sé si temblaba de frío o de miedo. Intenté abrazarla, pero se escabulló de entre mis manos. La sujeté como pude y, aunque estaba acabando con mi paciencia, le susurré al oído que era mi princesa. Entonces, se tranquilizó. Puso el pijama bajo la almohada y la ayudé a vestirse. La cogí de la mano y nos marchamos. Aunque al salir, aún la escuché, gimoteando, que no quería ir al colegio.