Dictadura - Caracola

Dictadura

Era ya tarde, no tan tarde como para contar ovejas ante el temor de una noche de insomnio. Tarde como para sentir el peso del día sobre los hombros o las heridas resoplando por el respiradero cual ballenas.

Me abrí la blusa, después el pecho y finalmente las carnes.
-Háblale, ahí lo tienes, mi corazón.
-No es normal- le exhortaste. -Esto no es normal. No puedes latir así por mí.

Entonces por primera vez en mucho tiempo, habló él por mí. No hablaron los miedos, ni la prudencia. Ni siquiera los peros. Habló mi corazón.
-A mí no me hables de normalidad. Soy un corazón. Lo mío es latir, no pensar. No razono. Siento. Puedo echarme a galopar por puro instinto. Caer fulminado con una sonrisa. Quererte y hacer de ello dictadura.

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