Elisenda Romano - El collar

El collar

Se encaprichó de aquel collar porque le recordaba al de Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes. Desde entonces y cada día me susurraba al oído, mientras hacíamos el amor, lo hermosa que estaría desnuda y con él puesto. Me lo repetía cada día al oído y a mí me daba dentera. Se paseaba desnuda por la casa con collares de strass para atraer mi atención y hasta en el baño, cuando me afeitaba, se ponía a mi lado susurrándome al oído lo mucho que se impresionaría la gente al verla.

Paseando por la avenida, me obligó a pasar por delante del escaparate para verlo de nuevo, por si se me había olvidado su existencia, pero no estaba expuesto. Me puse blanco como el vómito de una cría de gato. Ella sonrío, susurrándome al oído lo guapa que iba a estar con el maldito collar y cómo todo el mundo se quedaría impresionado al verla.

Aquella tarde se sentó desnuda en la cama. En la habitación solo había collares de fantasía esparcidos por doquier y mi hojilla de afeitar. La encontraron igual de desnuda, con sus propios intestinos apretados entorno al cuello. Tal y como ella predijo, todos quedaron impresionados.