El corazón roto

Estaba rota de dolor. Su corazón se había hecho pedazos, pedazos que algún día se unirían de nuevo encajando las piezas. Aunque salía el sol, nunca podía verlo. Cada noche, tenía la misma oscuridad. Cuatro paredes fueron su único cobijo en el que estar durante un tiempo del que no se sabía el fin. Paredes que guardan en secreto incontables lágrimas y duelo. Pero éstas siguen en pie, y aquella chica, también. Las batallas emocionales son catastróficas. Pero enfrentarte a ellas con el fin de vencerlas, es sensacional.

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