Silvina Gabriela - Cuento sin limites

El cuento no tiene límites

Algo de lo que no se puede dudar es que el microcuento abarca un sinfín de temáticas, por eso, podemos decir que, independientemente de la extensión considerada correcta por los investigadores, el cuento no tiene límites.

Por el contrario, es precisamente la extensión del microcuento uno de los principales aspectos en los que sí parece haber unanimidad respecto a esta narrativa, pues todos coinciden en su carácter hiperbreve (o casi).

Sin embargo, si miramos el siguiente relato esto no es tan así para otros escritores, lectores y teóricos (algunos de los cuales llegan a considerar breve un cuento de dos páginas):

El fin de Lázaro

A los quince días de su resurrección Lázaro empezó a encontrarse muy mal. Su estancia en el lugar de nada y de nadie le había cambiado la forma de ver las cosas y hasta la manera de ser. En el paraje más hermoso sentía el tiempo carcomiéndolo todo, en la alegría de los niños y de las muchachas adivinaba su tristeza de viejos, toda la comida le sabía a cuerpo sin vida, percibía continuamente el acecho y hasta la invasión del final aniquilador. Pasó otro mes y una mañana fue a visitar a Jesús y le pidió que le devolviese la muerte. Su actitud era muy humilde, pero en sus ojos había una brasa de determinación y de reproche. Jesús, tras contemplar a su amigo durante un rato, alzó una mano. Y Lázaro cayó muerto, esta vez para siempre.

José María Merino


 

La ficcionalidad ilimitada del microcuento

Existe, por el contrario, otro aspecto en el encontramos convergencia plena por parte de los teóricos es que para ser microrrelatos tienen que ser narraciones ficcionales. Pero… siempre hay un “pero”. Nos encontramos en varias ocasiones no sólo con la imitación de discursos históricos o de otra especie (ya daremos algún ejemplo), sino con formas cercanas a instrucciones, definiciones de diccionario… He aquí un ejemplo:

Ictiocentauros

Licofronte, Claudiano y el gramático bizantino Juan Tzetzes han mencionado alguna vez los ictiocentauros; otra referencia a ellos no hay en los textos clásicos. Podemos traducir ictiocentauros por centauros-peces; la palabra se aplicó a seres que los mitólogos han llamado – también centauro tritones. Su representación abunda en la escultura romana y helenística. De la cintura arriba son hombres, de la cintura abajo son peces y tienen patas delanteras de caballo o de león. Su lugar está en el cortejo de las divinidades marinas, junto a los hipocampos.

Jorge Luis Borges

 

Algunos textos pueden inclusive parecer anécdotas que nos contaría nuestro vecino o historias que muestran la realidad que conocemos (a veces con cierta dureza, por cierto):

El recto

Tenía la heroica manía bella de lo derecho, lo recto, lo cuadrado. Se pasaba el día poniendo bien, en exacta correspondencia de líneas, cuadros, muebles, alfombras, puertas, biombos. Su vida era un sufrimiento acerbo y una espantosa pérdida. Iba detrás de familiares y criados, ordenando paciente e impacientemente lo desordenado. Comprendía bien el cuento del que se sacó una muela sana de la derecha porque tuvo que sacarse una dañada de la izquierda. Cuando se estaba muriendo, suplicaba a todos con voz débil que le pusieran exacta la cama en relación con la cómoda, el armario, los cuadros, las cajas de las medicinas. Y cuando murió y lo enterraron, el enterrador le dejó torcida la caja de la tumba para siempre.

Juan Ramón Jiménez

 

Si hay algo que ya les llamó la atención (y faltan ejemplos), debo decirles que hay todavía más: el minicuento, microrrelato… según como se lo quiera rotular no es algo propio de las transformaciones del siglo XX/XXI. Y no me refiero a historias escritas a imitación de tradiciones antiguas, folklóricas, orientales… Se trata de que si nos remontamos a la antigüedad podemos llegar a encontrarnos con casos como este:

El uso de una lámpara

-Yo puedo ver en la oscuridad –se jactaba cierta vez Nasrudín en la casa de té.
-Si es así, ¿por qué algunas noches lo hemos visto llevando una lámpara por las calles?
-Es sólo para que los otros no tropiecen conmigo.

Idries shah (India)

 

Pero más claramente lo veremos en el que agrego a continuación:

Palillos de marfil

Cuando Chu, último rey de la dinastía Chang, ordenó que de un marfil de inmenso valor se le fabricaran palillos para comer, su tío y consejero, el príncipe Ki, se mostró sumamente preocupado y triste. Los palillos de marfil no pueden usarse con tazones y platos de barro cocido: exigen vasos tallados en cuernos de rinoceronte y platos de jade, donde en vez de cereales y legumbres deben servirse manjares exquisitos, como ser cola de elefante y fetos de tigre. Llegado a esto, difícilmente el rey estaría dispuesto a vestir telas burdas y vivir bajo un techo de paja: encargaría sedas y mansiones lujosas.

-Me inquieta adónde conducirá todo esto – dijo el príncipe Ki.

Efectivamente, cinco años después el rey Chu de la dinastía Chang asolaba el reino para colmar sus despensas con todas las exquisiteces, torturaba a sus súbditos con hierros candentes, y se embriagaba en un lago de vino. Y de este modo perdió su reino.

Del Li Tse, obra de Li Yu-kué
(500 A.C)

 

Ahora los dejo con dos historias que me resultan interesantes (una por la tendencia a dejar una enseñanza implícita así como por jugar con lo que el lector infiere; la otra, por ser menos conocida y porque apela a la fragmentación, como si se nos contara una parte de la historia):

La salvación

Esta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente. Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. “¿Cómo un ser tan ínfimo –sin duda estaba pensando el tirano- es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?” Entonces un pájaro, que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvaría. “Por humildes que sean –dijo indicando al pájaro- hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros”.

Adolfo Bioy Casares

 

El drama del desencantado

…el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.

Gabriel García Márquez

 

En nuestro próximo encuentro volverán a aparecer los textos de menor extensión alternados con otros algo más extensos para demostrar cómo se entrelazan lenguajes, que hacen algunos escritores con nuestro lenguaje y alguna cosa más. Esperamos que os haya gustado este artículo.

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