Sergio Linde - El jardín de Rita

El jardín de Rita

El tiempo por fin acompañaba. El calor había vuelto; y con el calor, la temporada de las barbacoas. Era la primera de ese verano en casa de Rita. El carbón ya estaba listo y todos los invitados habían llegado. Las bebidas se consumían con rapidez, las conversaciones cada vez sonaban más altas, y varios niños jugaban con entusiasmo al escondite. Un joven de pelo largo moreno apuraba una cerveza y se reía a carcajadas de un chiste que le acababan de contar. Rita repartía besos y sonrisas, siempre tan amable y tan guapa. Todos parecían felices. En ese momento lo eran. 

Lo que ningún invitado sabía es que Enrique, o más bien lo que quedaba de él, no respondía a sus llamadas desde hacía una semana porque se pudría a tan solo un par de metros bajo sus pies. Mientras tanto, Rita, su asesina, besaba dulcemente en los labios al joven moreno de pelo largo y escudriñaba con la mirada el jardín en busca del recoveco idóneo para él. 

Pero nada de eso importaba porque en ese momento todos eran felices.