Silvina Gabriela - Juegos idioma

El microrrelato: juegos de palabras, la ironía o el humor

Apuntes para ser leídos por los lobos

El lobo, aparte de su orgullosa altivez, es inteligente, un ser sensible y hermoso con mala fama… Trata de sobrevivir. Y observa al humano: le parece abominable, lleno de maldad, cruel; tanto así que suele utilizar proverbios tales como: “Está oscuro como boca de hombre”, para señalar algún peligro nocturno, o “el lobo es el hombre del lobo”, cuando este animal llega a ciertos excesos de fiereza semejante a la humana.

René Avilés Fabila

 

Esta historia, escrita por uno de los principales autores de relatos como los que estamos coleccionando, me pareció muy interesante para recordar lo que hemos visto en otros cuentos y lo que ahora vamos a desarrollar. Así como lobo y hombre intercambian aquí sus papeles, también el lenguaje acompaña esas transformaciones y es en ese punto, entre otros, donde nos vamos a centrar ahora.

En artículos anteriores ya hablamos de cuestiones como la extensión, la alusión a lo cotidiano, lo cultural, lo literario… En este artículo observaremos cómo el microcuento se entremezcla con los juegos de palabras, la ironía o el humor.

Bienvenido sea si colaboran para que visualicemos el universo del microrrelato que vamos delineando. Pero sobre todo si disfrutan de las historias que van apareciendo y del entramado que les vamos descubriendo.

 

El microcuento y los juegos de palabras

Golpes

Mamá, dijo el niño, ¿qué es un golpe? Algo que duele muchísimo y deja amoratado el lugar donde te dio. El niño fue hasta la puerta de la casa. Todo el país que le cupo en la mirada tenía un tinte violáceo.

Pía Barros

 

Pequeño diálogo

Muerte: Ven conmigo.
Vida: Ni muerta.

Lilian Elphick. Chile

 

Desinencia

Cuando estaba escribiendo el cuento más breve de su vida, la muerte escribió otro más breve todavía: ven.

Juanjo Ibáñez (España). Galería de hiperbreves, 2001

 

Lengua de víbora

No tuvo que apretar el gatillo: bastó que lo forzara a morderse la lengua.

Jaime Valdivieso. Chile

 


 

El microcuento y la ironía

La fama

El poeta la vio pasar, aprisa; y aprisa corrió tras ella y se quejó:
-¿Y nada para mí? A tantos poetas que valen menos ya los has distinguido: ¿y a mí cuándo?
La Fama, sin detenerse, miró al poeta por encima del hombro y contestó sonriéndole mientras apresuraba la carrera:
-Exactamente dentro de dos años, a las cinco de la tarde, en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras, un joven periodista abrirá el primer libro que publicaste y empezará a tomar notas para un estudio consagratorio. Te prometo que allí estaré.
-¡Ah, te lo agradeceré mucho!
-Agradécemelo ahora, porque dentro de dos años ya no tendrás voz.

Enrique Anderson-Imbert.(El gato de Cheshire)

 

La uña

El cementerio está cerca. La uña del meñique derecho de Pedro Pérez, enterrado ayer, empezó a crecer tan pronto como colocaron la losa. Como el féretro era de mala calidad (pidieron el ataúd más barato) la garfa no tuvo dificultad para despuntar deslizándose hacia la pared de la casa. Allí serpenteó hasta la ventana del dormitorio, se metió entre el montante y la peana, resbaló por el suelo escondiéndose tras la cómoda hasta el recodo de la pared para seguir tras la mesilla de noche y subir por la orilla del cabecero de la cama. Casi de un salto atravesó la garganta de Lucía, que ni ¡ay! Dijo, para tirarse hacia la de Miguel, traspasándola.
Fue lo menos que pudo hacer el difunto; también es cuerno la uña.

Max Aub

 


 

El microcuento y el acto de escritura

Borrador

El chasquido del fósforo sobre el costado de la caja resonó como una bomba en el silencio de la habitación vacía. La punta del cigarrillo estalló en la penumbra y el humo azul dibujó abstracciones en el aire. Cuando todo estuvo dispuesto, el conocido rasguito de la lapicera sobre el papel comenzó a contar la historia.

Dicen que
Se sobresaltó esa noche
Había una vez
Un tal Honesto Martínez

Seis horas más tarde supo que sería imposible. Arrugó el papel y lo tiró por la ventana. Él tan solo quería decir que cierta noche, un tal Honesto Martínez encendió un cigarrillo y cayó en la cuenta de que estaba solo.

Daniel Llanos (Argentino, n. 1963)

 


 

El microcuento y el humor

Hay muchos microrrelatos que trabajan al modo del chiste, con juegos de palabras (malentendidos, sonidos similares o unidades lingüísticas similares en el habla aunque diferentes por escrito, etc.):

Urdimbre

—¿Tu marido es celoso? —preguntó él.
—Sí. Mi marido es el oso que viene ahí -respondió ella.

Orlando Enrique Van Bredam. Argentina

 

Algunos escritores han adquirido singular maestría para “retorcer” el lenguaje, modelar sobre él uno nuevo y peculiar, proponer un universo diferente del real pero en el que el lector se reconoce, crear un modo de significación propio. Uno de ellos es Julio Cortázar: ya sea por cambios en el orden oracional, por invención o re-unión de palabras en un término nuevo, por transgresión de normas (por ejemplo las de puntuación) para asimilar el mensaje a otro discurso… o algunos otros casos que deben verse con otros textos (en algunos ya en novelas como Rayuela), nos encontramos con historias sintéticas como algunas de las que siguen:

Por escrito gallina una

Con lo que pasa es nosotros exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos
hurra. Era un inofensivo aparentemente cohete lanzado Cañaveral americanos Cabo por los desde. Razones se desconocidas por órbita de la desvió, y probablemente algo al rozar invisible la tierra devolvió a. Cresta nos cayó en la paf, y mutación golpe estamos de. Rápidamente la multiplicar aprendiendo de tabla estamos, dotadas muy literatura para la somos de historia, química menos un poco, desastre ahora hasta deportes, no importa pero: de será gallinas cosmo el, carajo qué.

Julio Cortázar (La vuelta al día en ochenta mundos)

 

La inmiscusión terrupta

Como no le melga nada que la contradigan, la señora Fifa se acerca a la Tota y ahí nomás le flamenca la cara de un rotundo mofo. Pero la Tota no es inane y de vuelta le arremulga tal acario en pleno tripolio que se lo ladea hasta el copo.
-¡Asquerosa! –brama la señora Fifa, tratando de sonsonarse el ayelmado tripolio que ademenos es de satén rosa. Revoleando una mazoca más bien prolapsa, contracarga a la crimea y consigue marivolarle un suño a la Tota que se desporrona en diagonía y por un momento horadra el raire con sus abroncojantes bocinomias. Por segunda vez se la errumba un mofo sin merma a flamencarle las mecochas, pero nadie le ha desmunido el encuadre a la Tota sin tener que alanchufarse su contragofia, y así pasa que la señora Fifa contrae una plica de miercolamas a media resma y cuatro peticuras de esas que no te dan tiempo al vocifugio, y en eso están arremulgándose de ida y de vuelta cuando se ve precivenir el doctor Feta que se inmoluye inclótumo entre las gladiofantas.
-¿Te das cuenta? –sinterruge la señora Fifa.
-¡El muy cornaputo! –vociflama la Tota.
Y ahí nomás se recompalmean y fraternulian como si no se hubieran estado polichantando más de cuatro cafotos en plena tetamancia; son así las tofifas y las fitotas, mejor es no terruptarlas porque te desmunen el persiglotio y se quedan tan plopas.

 

Tortugas y cronopios

Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural. Las esperanzas lo saben, y no se preocupan. Los famas lo saben, y se burlan. Los cronopios lo saben, y cada vez que se encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina.

 

Habrán notado que en el último texto (perteneciente a “Historias de cronopios y de famas“) el juego más fuerte está depositado en los personajes y sus características y ya no en el lenguaje que estos o el narrador utilicen en forma peculiar. En el caso de “La inmiscusión terrupta” hay que mencionar que el código utilizado allí es el glíglico, un lenguaje “construido” por Cortázar y que reaparece en varios otros de sus escritos (el mejor ejemplo es uno de los capítulos de la novela que cité anteriormente).

Una vez dicho esto, no podemos dudar que el microcuento es casi un receptáculo narrativo donde tienen cabida toda clase de recursos, juegos con el idioma y la escritura, algo que lo convierte en un objeto de estudio y práctica verdaderamente interesante que constantemente nos deja con ganas de más, como es el caso de este artículo que continuará próximamente con un nuevo artículo sobre la relación del microcuento con los juegos de palabras”

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