Reencuentro - Marina Cabrero

El reencuentro

El color del cielo comenzó a desvanecerse entre rosas y violetas dejándose arrastrar hasta un profundo azul. La mesa de madera, en la que tantas veces habíamos merendado de pequeños, estaba llena de comida y alcohol del bueno de ese que nunca nos pudimos permitir.

Las risas seguían siendo las mismas, igual que esos momentos que nos dedicamos a recordar en aquel día de verano en el que tanto nos costó coincidir. Hablamos sobre las noches en vela en la casa de quien fuera, las sobremesas eternas en el sofá con una película de fondo que luego nadie veía y las canciones que bailábamos en la plaza del pueblo bajo luces y serpentinas de colores.

Los recuerdos eran los mismos pero no las personas. Todos habíamos cambiado, habíamos crecido. Tú no eras el chico alocado de pelo rizado del que había estado enamorada verano tras verano. Yo ya no era la chica tímida que se escondía cada vez que la mirabas.
Qué diferente hubiera sido todo si hubieras sido sincero. Si me hubieras contado años atrás que yo también te gustaba y que veías a través de la coraza que tardé tanto en construir. Cómo hubiera cambiado mi vida si hubieras confesado lo que sentías en nuestra última noche de verano antes de irnos a la universidad, en la playa bajo las estrellas cuando nos dejaron solos en la arena.

Y ha sido hoy, sin embargo, cuando han salido las palabras de tu boca. Cuando entre risas has confesado que siempre fui tu primer amor: el de las miradas y sonrisas tímidas, el del principio de un cuento del que sin saberlo éramos protagonistas y que nunca se llegó a escribir. Y ahora lo cuentas como un capítulo anterior a tu verdadera historia, acariciando la mano de tu novia con ojos brillantes llenos de felicidad. Sonrío distraída mientras giro con los dedos el anillo que guarda mi anular sintiendo que ya no queda nada de la niña que fui allí.

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