Javier Dominguez - El regalo apropiado

El regalo apropiado

Jacobo, un soltero de 57 años, curioseó por un buen rato la sección de frutas. Optó por manzanas. Tomó dos y las puso en la cesta, luego pensó que a ella no se atrevería a tomar alguna si eran tan pocas, así que llevó cuatro. 

Volvió a su piso y dejó las frutas en la nevera. Notó que faltaba una bolsa de pan de las dos que había llevado el día anterior. Eso le confirmó que su decisión de llevar las cuatro manzanas era lo acertado.

Hace unas semanas Jacobo notó que algo pasaba cuando se dio cuenta de que faltaban cosas en su refrigerador, enlatados en la alacena, el abrelatas. Consultó a un médico, luego de varias pruebas y de descartar Alzheimer, el médico le dijo en tono de broma: «O usted es sonámbulo o alguien le está saqueando el refri por las noches.» 

A Jacobo no le pareció descabellado eso. Así que instaló una cámara en una esquina de la cocina y dejó unos racimos de uva en el refrigerador. La cámara transmitía hacia su portátil. 

A la mañana siguiente revisó la grabación y vio que una mujer entró en la cocina, abrió la nevera, sacó uno de los racimos de uva y luego salió del sitio. Jacobo se asustó y revisó todo el departamento, ninguna puerta ni ventana fue forzada, ¿cómo entró esa mujer? ¿O sería un fantasma? ¿Un fantasma que come uvas?

Entonces, revisó la sala y reparó en un clóset empotrado en la pared. Miró el maletero en la parte alta, nunca había usado esa sección, así que la abrió y encontró dentro una colchoneta, una linterna, una almohada, cáscaras y semillas de uva. 

Llamó a la policía, mientras esperaba, dio un vistazo de nuevo en la nevera y descubrió una nota debajo de unas bananas que él no había comprado: «Gracias por las uvas.»

Cuando llegó la policía se disculpó: «Perdonen, fue una confusión.» 

Luego salió a comprar más uvas, frotaba la nota de vez en cuando como si de ella goteara un pequeño gesto de complicidad.