Roman G Camas - El ruido indeseado

El ruido indeseado

Aún no había abierto la puerta de mi habitación cuando de repente escuché unos pasos al otro lado. O, al menos, eso me pareció. Tras entrar y cerrar la puerta, antes siquiera de encender la luz, un engañoso silencio me zarandeó por los hombros. Aguanté la respiración mientras me mantenía a la espera. Fue en esos segundos cuando palidecí al creer escuchar un gemido que se extinguió tan rápido como se había manifestado.

Tensé los hombros. Comencé a recapacitar con vehemencia. ¿Y sí…? No, era imposible. No podía ser. Debía habérmelo imaginado. Pero la duda ya había trepado por mi espina dorsal. Tenía que comprobar que estaba solo. Caminando de puntillas muy despacio, avancé con prudencia hacia el posible origen de aquel quejido. Miré con nerviosismo a ambos lados de la habitación hasta que mis ojos tropezaron con el voluminoso armario de enfrente. Fui directo hacia él. Perjuré entre dientes, agarré con fuerza los pomos de las dos puertas, resollé y las abrí con violencia. Al comprobar su interior, respiré aliviado: al cadáver del armario no le había dado por resucitar.