Elisenda Romano - El tarotista

El tarotista

Le dijeron que visitara al tarotista del bosque, que era muy bueno y que no se arrepentiría. Se lo dijeron porque estaba harta de su vida y necesitaba encontrar algo o alguien que le diese un poco de vidilla. 

—Nunca echan todo lo malo —le dijeron—, les interesa que vuelvas, así que te dirá cosas buenas y una mala, y así siempre. 

Ninguno de los que le habían recomendado el tarotista tuvo razón. El tipo le dijo que se casaría, como tanto quería, que tendría un hijo, como tanto quería, y que nunca se divorciarían. Aquello la cogió desprevenida. 

—¿Qué nunca nos divorciaremos? ¿Usted y yo? 

—Pues, claro, chiquilla, ¿o ves a alguien más en la habitación? —le respondió él. 

Y así se casaron, un poco porque era lo que le habían dicho las cartas, un poco porque su estilo bohemio le atraía. Estuvieron dos años juntos antes de que lo enterraran. Tampoco le importó mucho. Después de dos años empezaba a apestar. Él, claro, no el matrimonio.