Alicia Faind - El último aullido de luna llena

El último aullido de luna llena

Mordió su labio inferior hasta hacerse una herida y pintó con las gotas de sangre su boca.

–¡Llegó! –exclamó exaltada al escuchar unos pasos cerca del dormitorio. Soltó el espejo, nerviosa y con rapidez agarró algo de la peinadora. Se quitó la capucha y vestido rojo. Ya en la cama, colocó la mano derecha detrás de su espalda, la cual sujetaba el objeto que había tomado. La luz de la luna reflejaba la sombra de su cuerpo desnudo en la pared.

–¿Qué haces aquí? –preguntó el depredador al derribar la puerta.

–Te he esperado desde nuestro último encuentro –respondió ella con voz grave y profunda.

En ese instante, él percibió la sangre en los labios de la joven. Sintió desespero por devorarlos, lamerlos, pues deseaba saborear bien esos labios rojos y carnosos. También imaginó rasgar la piel descubierta y delicada de ella. Deseaba más que nunca, triturarla y llevarla en sus entrañas como cada noche de luna llena.

–¿Te quedarás allí parado? –dijo la muchacha sonriendo levemente.

–¿Dónde está tu abuela? ¿Qué hiciste con mi primer bocado? –respondió con un feroz gruñido y dejando ver sus grandes colmillos.

Ella echó para atrás su torso. Él notó como la respiración de ella se había agitado. Vio en su rostro tan solo a una niña asustada, cuyos ojos grandes ni siquiera parpadeaban

–No está –respondió, enderezando su torso–. Además, ¿no deseas darle a este cuento un final diferente? –dijo ella, separando con suavidad sus piernas. 

El lobo comenzó a aproximarse hacia su víctima con pasos firmes. Al llegar, este agachó la cabeza para olisquear entre los muslos de la joven. Ella cogió aire y al exhalar, sacó su brazo derecho y lo levantó con fuerza en el aire. En la pared se vio la sombra de su mano, clavando un puñal en el lomo del animal. Todo quedó en silencio luego de resonar en aquel cuarto, el último aullido de luna llena.