Paula Andeliz - En el fondo de la taza

En el fondo de la taza

En el pueblo todos conocíamos el don de la vieja Eloísa: leía el futuro en los posos del café. Cada domingo los vecinos íbamos a su casa por turnos. Nos recibía con una mirada que pretendía ser misteriosa, como de pitonisa, pero que se acercaba más a la de una abuela de ojos acuosos y tez ajada. 

La salita olía al café que Eloísa preparaba. Una charla y unos sorbos después, escudriñaba los posos en el fondo de la taza. A Jacinto le adivinó que fue un zorro el que destrozó su huerto. A Lola, que el bebé que esperaba era niña. A mí, que aprobaría el examen de mates. 

Lo que Eloísa no adivinaba en el café era su propia verdad. La verdad de que los vecinos pasábamos por aquella casa no para recibir nuestra dosis de futuro, sino para ofrecer nuestro rato de compañía a la vieja Eloísa.