Javier Dominguez - Conferencia autor

En la conferencia del autor

Los técnicos prepararon la tarima, el podio y ajustaron el micrófono.  A las dos, la sala se llenó, los más jóvenes se sentaron en el piso y cedieron sus lugares a las damas y los minusválidos. A las dos y media empezaron los aplausos por el autor, como si se tratase de una estrella de rock. A las tres llegó. El público aplaudió de pie nada más al verlo. 

El autor tomó su puesto y agradeció a todos por su asistencia. Habló sobre su última novela, «Hefesto» y explicó que   el tema de la obra era la imaginación, sus alcances, sus limitaciones, sus riesgos, de lo fácil que era ceder al ensueño, que había experimentado un estado cercano al del éxtasis cuando tecleaba tal como lo dijo alguna vez García Márquez. Dijo que diferencia de otras obras como «Fulgor» o «Todos los dioses», esta vez no planificó mucho la historia, pensó que como se trataba de la imaginación, entonces debía dejarla fluir, un método sin duda placentero, pero agotador y que no recomendaba a los escritores nóveles. 

En el ciclo de preguntas, la gente pidió que aclarase muchas cosas sobre la ambientación en el medio oriente, si le había sido difícil familiarizarse con la zona. Él confesó que tuvo que indagar mucho, algunos de sus amigos periodistas le ayudaron. Le preguntaron sobre las comparaciones con Michael Ende que hicieron algunos críticos. El autor dijo que le halagaba ser comparado con el autor de «La Historia interminable». 

¿Vendrían más aventuras de Darío Montoya? Él dijo que no lo sabía, como Montoya se movía en el mundo de la imaginación, no sería difícil verlo alguna vez en el Himalaya o el Amazonas. ¿Y no le causaba vértigo meter a su protagonista en semejantes embrollos? «El hombre bueno no le teme a la noche oscura» respondió.

Agradeció a todos y se retiró. Al darse vuelta tropezó con el podio y tiró el micrófono, uno de los técnicos acudió a levantarlo. Otro joven le ayudó a bajar de la tarima empujando la silla de ruedas del autor.