Javier Dominguez - Encuentros cercanos

Encuentros cercanos de algún tipo

Me alegró mucho tu visita. Disfruté de que te acostaras en mi regazo y me dejaras acariciar tu cabello, mientras me contabas la historia del gato blanco que recogiste del callejón. Lo viste debajo de un contenedor de basura, temblando de frío.

Te conmovió verlo así y le mostraste una galleta, él la comió y entendió que con ese gesto se iniciaba una nueva etapa en la vida de ambos. Algo similar ocurrió con nosotros cuando nos conocimos en una parada de autobús en un día lluvioso y tú me ofreciste un espacio debajo del paraguas. Luego vinieron los encuentros inesperados, difusos y casuales que dieron pie a esta historia.

Me regalaste el gato, me encantó. Pero a él no le gustó la idea, por eso gruñó cuando te acaricié una parte expuesta de tu abdomen, reíste. Y te dije que tal vez debíamos encontrarnos de otra manera.

Pronto sonaría el despertador y te esfumarías, y no sé cuánto tiempo tendría que esperar para verte de nuevo en otro sueño.

Tú lo preferías así, porque toda la espera se hacía irrelevante al vernos y quizás el verdadero sueño era lo otro y lo real ese rato en el sofá, mientras el gato nos veía.

A lo lejos se escuchaba el zumbido del despertador, todo empezó a borrarse. Antes de esfumarte en la bruma de la mezcalina, me dejaste galletas para el gato, quien también se evaporó entre los zumbidos que rasgaban mi sueño.

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