Javier Dominguez - Envíalo todo

Envíalo todo

El Capitán se sintió frustrado e indeciso, no cumplió la misión. Envió todas las sondas al agujero negro y no obtuvo respuesta de ninguna. Debía ahora regresar a la Tierra.

Entonces escuchó el mensaje por primera vez: «Envíalo todo».

Ordenó reprogramar a los robots de mantenimiento con los mismos parámetros de las sondas de exploración y los lanzó al hoyo negro. No hubo respuesta.

Los tripulantes intentaron convencerlo para regresar a la base. El Capitán se sintió tentado a desistir. «Envíalo todo». «Envíalos a todos». Escuchó.

Así ideó la trama de la alarma falsa y la orden de abordar las cápsulas de escape. Todos los tripulantes abandonaron la nave, pero no sabían que las cápsulas estaban programadas para ir directamente al agujero negro y mandar datos a la computadora principal. El Capitán no recibió respuesta de ninguna, las señales se perdieron en el horizonte eventual.

«Envíalo todo». Volvió a escuchar y activó los impulsores unos minutos para entrar en el hoyo negro. Lo último que recuerda es el crujir de la nave, estrangulada por la fuerza de gravedad.

El paso por el hoyo no lo mató, la aceleración lo llevó a moverse a una velocidad tal que se transmutó en una forma de vida distinta, incorpórea, apenas le quedaba su consciencia. Fue expulsado por el agujero negro en algún punto del universo.

Pensó que no volvería a ver a la Tierra, pero luego descubrió que le bastaba con pensar en un lugar para «saltar» hasta ahí. No sólo eso, también podía desdoblarse y estar en más de un sitio a la vez, incluso desplazarse a través del tiempo, se volvió omnipresente.

Regresó a la Tierra y vio todo cuanto quiso y siguió, por pura diversión, la línea de sucesos que lo llevaron a existir. Miró el desarrollo de su vida como humano y volvió a verse como Capitán de una nave espacial.

Se vio a sí mismo frustrado en el puente de mando. Esperando una señal de las sondas devoradas por el agujero negro que le habían ordenado explorar.

Entonces dijo: «Envíalo todo».