Lo último que se pierde - Irene G Punto

Es lo último que se pierde

Voy a contestar a su pregunta con una historia…

Imaginen a un prisionero a muerte cuyo verdugo da la oportunidad de salvarse si es capaz de redactar un texto que le haga llorar.

El prisionero, respira, exhala y escribe con la ansiedad de un drogadicto cuando esnifa la última raya de la noche y con las manos llenas de miedo y saliva pegada en cada tilde que no puso por ignorancia,  entrega la carta de libertad  a su castigador.

Éste lo lee con desgana mientras poco a poco se empieza a comer su propio vómito.  Él, que dejó de sentir por miedo a encontrarse sin cita con su propia luz. Él, que ha propuesto un juego al prisionero para pasar los últimos minutos de su turno -a las 22:00 acaba-, aprieta ahora fuerte los dientes. No midió los pocos centímetros que separan a la poesía de las vísceras, a la bala de la herida, a la suerte del principiante.  No calculó la poca distancia que existe entre la memoria de dos hombres unidos por un mismo dolor: salvar su vida o darle sentido.

El verdugo coge las llaves, abre la celda y rellena un parte con una incendia. Hoy, a las 21:55 un preso se ha escapado.

¿Queda aclarada su duda?

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