Estrella

No recordaba lo que se sentía al estar en esa azotea, demasiados recuerdos que guardar se habían llevado ese, pero no me importaba. En exactamente un año había conseguido saber lo que era ser alguien, mi sueño hecho realidad. Mi vida entera condensada en un solo instante y sin embargo, para ellas no había pasado ni una milésima parte de toda su historia. Pero ahí estaban, burlándose de mí en su noche oscura salpicada de luces, haciendo que me sintiera pequeña, sin ganas de volver.

Una figura al borde del edificio recortaba los colores de la ciudad nocturna. No necesitó girarse para saber quién era.
–Es una noche de verano preciosa –dijo mientras observaba el horizonte- ¿Ha merecido la pena? ¿Aun sabiendo que tenía final?
–Lo volvería a hacer mil veces –contesté con la certeza más absoluta.
–Bien. Es la hora.
Cerré los ojos para notar su dedo en mi frente, foco del calor más agudo que había sentido nunca. Mis manos comenzaron a hormiguear, dispersándose en pequeñas partículas brillantes en las que poco a poco me fui convirtiendo volviendo al universo con las demás estrellas, volviendo a casa.

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