Javier Puchades - Fahrenheit

Fahrenheit 4, 3, 2, 1…0

Había sido un día de mucho trabajo en la oficina. De regreso a casa, solo pensaba en ella, sabía que le estaría esperando. Al entrar comenzó a llamarla. Ella permanecía en silencio. Así se creaba cierta tensión sexual. Al fin, la encontró en el dormitorio sobre la cama. Él se descalzó con rapidez.

Lanzó la chaqueta al suelo, se quitó la corbata y se desabotonó con ímpetu la camisa, arrancando algunos de ellos. De forma presurosa, se deshizo de los pantalones y el bóxer. Desnudo, se tumbó junto a ella y la tomó entre sus brazos. Comenzó a desabrocharle con lentitud la blusa transparente. A continuación, le bajó la cremallera de la falda que se deslizó por sus piernas. Luego, poco a poco, le quitó el sujetador y fue besando sus pechos conforme quedaban al descubierto. Cuando, con la boca, le iba a despojar de esas braguitas rojas tan provocativas que llevaba, sonó su móvil. Era su jefe. La conversación acabó con un: «Voy enseguida». Al colgar, toda la lujuria entre ellos se había apagado. Ella lo miraba fijamente, como suplicándole que se quedase. Él la abrazó con fuerza, al tiempo que le abría la válvula de seguridad para que saliese todo el aire de su interior.