Irene Es con I - Felices para casi siempre

Felices para casi siempre

Habían transcurrido ya varias semanas desde aquel confinamiento y parecía que todo volvía a la calma. Todo menos mi corazón, que parecía que se me fuera a salir del cuerpo con tanto nerviosismo en mi interior.

Me miré en el espejo al tiempo que me colocaba la gargantilla que tantos años llevaba reservada en aquel cajón para esta ocasión tan especial. 

El reflejo  me devolvió una media sonrisa que no se correspondió con la mía.

Terminé de colocarme los tacones al tiempo que mi hermana tocaba delicadamente la puerta, indicando que era hora de marcharnos. Se acercó y me arropó en un abrazo. 

Era el momento.

No recuerdo muy bien cuánto tiempo estuvimos en el coche antes de llegar a aquel lugar decorado con tanta delicadeza. La música sonaba y solo se respiraba felicidad en el ambiente.  

Suspiré mientras los primeros invitados se acercaban a saludarme. 

El reloj marcaba las 12:00 en punto cuando las puertas se abrieron. Definitivamente, era la hora.

Subí los escalones hasta la iglesia con cuidado y avancé por el pasillo central hasta las primeras filas. Me senté en el banco de la izquierda a esperarle. Se iba a casar.

Pero no conmigo.

Al menos,

esta vez

no.