Angel Saiz - Genetica

Genética

Me había quedado en el suelo, muy conmocionada, más que por el puñetazo, que también, a causa de la sorpresa. Mi marido, a quien declararon desaparecido en combate, regresó contra todo pronóstico. Al enterarse de que acababa de rehacer mi vida con un hombre bueno entró en cólera. Su carácter violento se había agudizado después de volver del infierno. Completada su evolución hasta llegar a convertirse en una alimaña implacable, apenas quedaban en él rasgos de humanidad.

Cuando iba a patearme cayó desplomado. Todo fue muy rápido, difícil de imaginar de no haber sido cierto. Mi hijo de diez años, también suyo, no dudó en atravesarlo con un cuchillo de la cocina, para después exhibir una sonrisa encantadora de dientes de leche. Hasta la sangre tardó en manar, tal vez remisa a ser parte de un suceso que contradecía cualquier lógica.

En los ojos inertes de quién sobrevivió a una guerra había incredulidad; en los míos, mucho miedo.

Más artículos
Agustina Bloom - Promesa viaje
Promesa de viaje