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Hasta el amanecer

Aquella noche le esperaba un auténtico suplicio. Solo le quedaba un cigarrillo, pero era demasiado tarde para comprar otra cajetilla. Pensó que la espera se le iba a hacer muy larga. Tendría que buscar otra forma de aplacar sus nervios.

Sabía que no podía abandonar su puesto ni perder la concentración. El mínimo descuido le podría llevar a cometer un error imperdonable. Revisó el interior de su bolsa por si encontraba algo que le ayudara a superarlo. No hubo suerte. Para tranquilizarse, intentó no pensar más en ello comprobando si no le faltaba nada, si contenía todo el material necesario para llevar a cabo su trabajo. Mentalmente repasó las precauciones que debía tomar y dio un nuevo vistazo a su alrededor, asegurándose de que estaba situado en el lugar adecuado.

Al amanecer, con el cuerpo destrozado por la tensión, miró a través del visor y apuntó directamente a la cabeza de su objetivo…

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