Pablo Nunez - Hipnosis

Hipnosis

Empezó a gatear por el escenario cuando el mago le dijo que era un bebé. Al rato le tocó el hombro y le avisó de que se había convertido en un perro. Tras unos minutos olisqueando cada rincón, justo cuando levantaba una pata para dejar marcado su territorio, le acarició la cabeza mientras le susurraba al oído que ahora era un pingüino. Inmediatamente se puso a pasear con los pies juntos y los brazos pegados al cuerpo, balanceándose como un péndulo, lo que hizo estallar en carcajadas a todo el teatro. Para finalizar el número, le pidió que realizara ante el público lo primero que se le pasara por la cabeza. Con súbita rapidez, desenfundó un revólver y le apuntó. El hipnotizador no consiguió chasquear los dedos a tiempo.

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