¿La ironía española? Mejor en microdosis

¿La ironía española? Mejor en microdosis (parte 1)

Extrañaba poder dedicarme a estos artículos en los que revisamos, leemos o releemos cuentos y autores (conocidos o no). Y ahora que puedo hacer un alto en el camino del trabajo retomé la idea de traer a estas páginas escritores españoles: sé que a  algunos los conocerán más que yo, pero creo que vale la pena detener la mirada en ellos.

Uno de los aspectos que más me impactó cuando empecé a adentrarme en la literatura española (recuerdo a una profesora que en un curso del instituto de formación del profesorado me recomendó leer los Sueños de Quevedo) es la recurrencia de la ironía en autores diversos y de diferentes épocas. 

Es sabido que en muchas literaturas este recurso abona diferentes temáticas de sensibilidad política y social, pero me ha parecido siempre que el español (menciono algunos: Quevedo, Larra, Cela, Aub, Jiménez, entre muchos más) la utiliza hasta en la observación de lo cotidiano rutinario.

Es por esto que me interesa realizar un recorrido por algunos de esos relatos y ver cómo se combina la ironía con la brevedad. Esto conduce, bien a una mirada cruda y descarnada (descreída) de nuestra realidad   y, en otros casos, a una mirada de denuncia social/política/histórica. En el presente artículo, me centraré en la  mirada de denuncia, y abordaremos la mirada descreída en un artículo posterior.

La mirada de denuncia social/política/histórica

En este caso se dan transmutaciones o conexiones con otros “territorios” de la personalidad. Del mismo modo, se pueden percibir paradojas del lenguaje y la escritura.

En el caso de las transmutaciones  o conexiones con otros “territorios” de la personalidad, lo irónico o paradójico en este tipo de relatos está vinculado con el hecho de que las situaciones se vuelven insólitas. 

De este modo, aquello que podría representar algo queda convertido en otra cosa. Es el caso del cuento de José María Merino donde la relación con lo natural culmina en la transformación del personaje en un elemento de la Naturaleza:

 

  • Terapia

Un pequeño huerto, cavar la tierra, abonarla, plantar, regar, recoger la cosecha. Esos ejercicios serían también muy beneficiosos para usted”, le aconsejó el doctor mientras le entregaba el tratamiento contra el estrés. El primer año comió unos tomates deliciosos. El segundo año se pasaba las jornadas de la bolsa recordando sus tareas dominicales, las plantas de fresas, los calabacines en flor, las lombardas, según la estación.

Pero un domingo de abril se quedó quieto, y luego se sentó entre los surcos. El lunes ya había arraigado. Produce pimientos en el brazo izquierdo y berenjenas en el derecho.

No necesita mucho riego.

José María Merino. La Coruña, 1941 


Igualmente, lo que parece ser termina siendo otra situación o se percibe lo sucedido (bueno o malo) con mecanismos mágicos, fantásticos (transformaciones, situaciones percibidas como otras –el “suicidio por error”-, mensajes desde otros “espacios” –“búscame”-):

 

  • Metamorfosis 

No era brusco Gazel, pero decía cosas violentas e inesperadas en el idilio silencioso con Esperanza.

Aquella tarde había trabajado mucho y estaba nervioso, deseoso de decir alguna gran frase que cubriese a su mujer asustándola un poco. Gazel, sin levantar la vista de su trabajo, le dijo de pronto.

-¡Te voy a clavar con un alfiler como a una mariposa!

Esperanza no contestó nada, pero cuando Gazel volvió la cabeza, vio cómo por la ventana abierta desaparecía una mariposa que se achicaba a lo lejos, mientras se agrandaba la sombra en el fondo de la habitación.

Ramón Gómez de la Serna, 1888-1963

 

  • Suicidio, o morir de error 

Antes de estrellarse contra el suelo, la miró con asombro. Saltaremos juntos –le había asegurado la bella bellísima-. Una. Dos. Y tres. Y él se precipitó. Y la bella bellísima le soltó la mano. Y desde lo alto, asomada bellísima en azul, le juró que le amaría hasta la muerte.

Dulce Chacón,  1954-2003

 

  • Trasplante

Mi corazón te espera, es lo único que queda de mí, estoy dentro de otra. Búscame.

Beatriz Martínez Manzanares

 

Como hemos señalado anteriormente, a la par que transmutaciones se dan fenómenos de transtextualidad de la mano de manifestaciones paradójicas de lenguaje y la escritura. 

En esta sección hay material que se relaciona con lo que en otros artículos hemos observado acerca de la transtextualidad, la apropiación de otros discursos, la relación con otros relatos, la reflexión acerca del lenguaje y la escritura. 

Más allá de que vuelvan a ver algunos de esos cuentos en los otros artículos, lo que aquí destaca es cómo se crea una paradoja entre lo literario o lo lingüístico y la realidad. 

En el caso del cuento de José Costa Santiago debo mencionar que aparece en un artículo de David Lagmanovich, que al dar cuenta de 111 microrrelatos numerándolos desde el más extenso hasta el más breve menciona este en el último lugar (de este desafío constante que emprenden los escritores hemos hablado en el primer artículo que publiqué en este blog).

Vamos a ver algunos ejemplos:

  • Cuentos largos

¡Cuentos largos! ¡Tan largos! ¡De una página! ¡Ay, el día en que los hombres sepamos todos agrandar una chispa hasta el sol que un hombre les dé concentrado en una chispa; el día en que nos demos cuenta de que nada tiene tamaño, y que, por lo tanto, basta lo suficiente; el día en que comprendamos que nada vale por sus dimensiones –y así acaba el ridículo que vio Micromegas y que yo veo cada día-; y que un libro puede reducirse a la mano de una hormiga porque puede amplificarlo la idea y hacerlo el universo!

Juan Ramón Jiménez. Moguer 1881-1958

  • Sólo sé

Sólo sé que, si abro el poema, deberá sangrar.

Rafael Pérez Estrada. Málaga-1934-2000

  • ¡Sorpresa! 

La primera mañana después de mi muerte.

José Costa Santiago

  • Carta del enamorado 

Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.

Juan José Millás. Valencia-1946

 

  • Cásting 

-¿Cómo? ¿Que no viene al casting? Pues da igual, es su día de suerte. Ha nacido para ser modelo, se lo digo yo, que entiendo un rato. Es perfecta: pómulos angulosos, mirada profunda, una extrema y deliciosa delgadez… No como las chicas que han pasado antes, por cierto, unas ilusas llenas de curvas; ¡con tetas, con culo…! ¡Por Dios, lo que hay que ver…! Además, le vendrá muy bien entrar en el mundo de la moda, pues la ropa que lleva, y perdone que se lo diga, está un poco pasadita… Y oiga, ¿para qué lleva esa guadaña?

Roberto Malo

 

Luego de este breve recorrido nos reencontraremos en otros artículos: cuentos de terror, de humor, policiales… De lo que estoy convencida es de que a cada paso nos cruzaremos con la ironía y los juegos de palabras.

Pero por el momento, en el siguiente artículo más inmediato nos centraremos en  la  mirada descreída. Una forma de ver la realidad donde no tiene lugar una denuncia clara, sino que esta tiene lugar mediante una plasmación apática y con una patente carencia de confianza hacia la sociedad.