Javier Dominguez - Nueva habitacion

La nueva habitación

Al principio, limpiar la habitación que había destinado para guardar cachivaches me pareció la cosa más natural del mundo. Ganar algo de espacio y poner orden siempre viene bien. A mis amigos les pareció algo normal luego de que Marta y yo nos separamos. Por meses fingí que su partida no me había afectado. Limpiaba y ponía las cosas en su sitio, cualquier cosa fuera de lugar terminaba en ese cuarto. Con los meses se convirtió en un lugar oscuro y decidí convertirlo en un cuarto para hacer ejercicios.

Empecé pintando las paredes de blanco. Usé la que dejaba una pátina brillante sobre la superficie. El efecto de la luz sobre las paredes daba una sensación de amplitud, como si el espacio hubiese crecido.

Dejé la puerta abierta por unos días para que el olor a pintura se disipase, cuando quise cerrarla no pude. La nueva blancura del cuarto me hablaba y me pedía que no la encerrara. Quité la puerta, luego cambié los azulejos del piso, la lámpara en el techo, escogí un plafón que distribuyese la luz nocturna.

Cuando me pareció que ya no quedaba nada más por hacer, puse mis pesas dentro. Pero a la mañana siguiente lo encontré todo en el pasillo. Me quedé abismado unos segundos. Cuando miré la habitación y el reflejo de la luz dentro, entendí que ese espacio ya no me pertenecía, apenas me correspondía mantenerlo.

Entendí que ahora ese cuarto, vacío de mí, le corresponde llenarlo a alguien más.

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