Alex Garaizar - Senda jazz

La senda del jazz

Ese día no partirían más autobuses en dirección a Tucson, Arizona. Al menos, eso le entendí al tipo de la taquilla de Dallas. De modo que guardé resignado mi abono de Greyhound Lines, agarré la maleta y el saxo y me dispuse a hacer autoestop tres manzanas más allá, en Dealey Plaza.

Pulgar en ristre, procuraba no pensar, pero pensaba, en Barcelona, en el conservatorio. En el Marc, el Alex, el Joan. La Paula. Mi familia, mi sueldo, mis clases de pilates los martes y jueves a las siete de la tarde. ¿Todo a cambio de qué? Resonaba, en fin, aquel blues en mi mente cuando Klay Drummond detuvo su Chevrolet a mi paso.

—¡Ey, chaval! ¿Eso es un saxo?

—Ahá.

—¿No irás por casualidad hacia Tucson?

Más tarde supe que había dicho Jackson, Misisipi. Y nunca me alegré tanto de no entender bien el inglés.

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